Edwin R. Jusino
Tal y como empecé en la entrada
anterior, (si no la has leído recomiendo que la leas antes de continuar con
esta), el libro What Paul Really Said About Women, demuestra que la
influencia aristotélica tuvo mucho que ver en la manera en que la Iglesia ha
interpretado algunos segmentos de la Palabra.
Es decir, tras la conquista helénica
de Judea, hoy Israel, las corrientes filosóficas de Atenas permearon y se
entrelazaron en la interpretación rabínica, y gentil. El autor del texto, John
Temple Bristow, presenta como ejemplo la crónica de la caída del hombre para
demostrar como la interpretación tradicional de la caída del hombre es errónea.
“Primero, consideremos la historia
de Adán y Eva. En el principio, Adán es presentado como incompleto sin Eva,
necesitando una “ayuda” idónea. La palabra hebrea usada aquí es ezer. Algunos
conocedores bíblicos traducen la palabra como pareja, en vez de ayuda, porque
la última implica un rol de subordinación. La palabra ezer en sí misma no
conlleva una connotación de estatus inferior. Al contrario, cuando no se usa en
referencia a Eva, aparece diecisiete
veces en el Viejo Testamento, y cada vez se refiere a Dios.” –John
Temple Bristow, página 16 del texto.
En la página 17 del texto, Temple
analiza varias de las interpretaciones sobre la caída del hombre. La primera es
sobre el asunto de que Eva fue tentada por la serpiente primero. Según las interpretaciones
tradicionales, relata el autor, esto es representación de que las mujeres son más
vulnerables y más fácil de llevar por el camino de la perdición, a diferencia
de los hombres. Temple, por su parte, sugiere que la interpretación debería
sugerir que los esposos y esposas se apoyen con fortaleza moral, y que cuando
esto falla el pecado entra a la relación y la daña.
En la página 18 Temple presenta la
segunda interpretación tradicional de la historia de la caída del hombre. La segunda interpretación es que la serpiente
escogió a Eva porque era la más débil de los sexos. Temple, por su parte,
postula que la serpiente escogió a Eva no porque era la más débil entre los dos,
sino, al contrario, era la más fuerte y Luzbel tuvo que usar todas sus
habilidades para hacerla caer. Mientras que Adán cayó con el simple hecho de
que Eva le dio la fruta que Dios mismo le había prohibido comer.
En la tercera interpretación que
postula Temple, podemos ver el resultado del pecado. Al pecar, Adán y Eva
cayeron en la voluntad permisible de Dios, donde el hombre reinaría sobre la
mujer, algo que no era la intención original del Señor. La maldición que Dios
puso sobre ambos, no es para ser emulada, sino para aprender y no cometer el
mismo error.
Génesis 3:16-19: “A la mujer dijo: Multiplicaré en gran
manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo
será para tu marido,[a] y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: Por cuanto
obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo:
No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de
ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás
plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a
la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.
Este es el tipo de relación que está
fuera de la gracia y voluntad de Dios. Temple postula que promover este tipo de
matrimonio es promover la penalidad del pecado impuesta por Adán, cuando ya
vivimos bajo la gracia tras el sacrificio de Cristo Jesús en la cruz del
calvario.
En la página 27 el autor postula que
es imposible que el prejuicio contra la mujer
fuera demasiado profundo, como para que fuera solamente la
interpretación de la fuente de las Sagradas Escrituras. Según Temple, mucho de
los eruditos del mundo antiguo tenían sus prejuicios contra la mujer, e imponían
esos prejuicios a la hora de interpretar las escrituras. Estos prejuicios
comenzaron afuera de las escrituras, provenientes de Grecia, según dice Temple
en la página 23 de texto. Tras la conquista por Alejandro Magno, quien era discípulo
de Aristóteles, del medio oriente, las ideas helénicas se propagaron por su
imperio, el que incluía a Judea.
La influencia del pensamiento griego
en los judíos fue abarcadora. Temple nos relata en la página 25 que Philo, un
escriba judío en la diáspora de Alejandría, fue quien comenzó la helenización
del pensamiento judaico. Philo buscaba armonizar las enseñanzas de Platón,
Aristóteles y otros filósofos griegos con las enseñanzas del Antiguo
Testamento, y en el proceso implantó el prejuicio ateniense a la interpretación
de las Escrituras. Lo mismo ocurriría con los maestros de la palabra
posteriores a Pablo.
“Hay en el
alma elemento masculino y femenino, tal y como hay en las familias, el
masculino correspondiendo al hombre, y el femenino a las mujeres. El alma
masculina se asigna así misma a Dios Padre, y Creador del Universo y la Causa
de todas las cosas. La femenina se agarra a todas las cosas que han nacido y
muere; estira sus facultades como una mano para agarrar a ciegas todo lo que
viene a su camino, y da la amistad al mundo de las cosas creadas con todos sus innumerables
cambios y trasmutaciones, en vez de al orden divino, lo inmutable, lo bendecido
y tres veces feliz.”
-Philo,
página 25-26 del texto.-
| Philo de Alejandría |
Philo también defendía el ideal del
celibato que presentaban los estoicos argumentando que “la esposa es una
criatura egoísta… adepta a seducir la moral del esposo”.
Pero no todos los antiguos pensaban
como los helenos. Una de estas excepciones, nos revela Temple en la página 27
del texto, es Gamaliel, quien fuera uno de los maestros del Apóstol Pablo.
El problema que tuvo Pablo fue, que
aquellos gentiles quien intentaba de convertir a su fe en Jesucristo, traían
consigo las preconcepciones del machismo ateniense del mundo Helénico;
compartían las mismas interpretaciones erróneas que los judíos helenizados y
usaron los escritos de Pablo para dar autoridad a los mismos puntos de vista
que Pablo se oponía (Temple, libro de texto, página 27-28).
Entre estos gentiles se encuentra
Agustín de Hipona, también conocido por la Iglesia Católica como San Agustín.
Agustín había sido aprendiz de la filosofía estoica, y veía el matrimonio como “un
pacto con la muerte” (Libro de texto página 28.) Agustín de Hipona, en conjunto
con Eusebio Hieronymus (San Jerónimo) fueron los que trabajaron para traducir
la biblia al latín, la Vulgata que se convertiría en el estándar de la Iglesia
Católica. Ambos estimaban más el celibato que el matrimonio, proponiendo que el
primero era más santo que el segundo.
Esta tendencia de interpretar las
Escrituras usando la filosofía Griega fue llevada a su más alta expresión por
Tomás de Aquino, quien muchos consideran el “doctor angelical”. Aquino fue
quien ordenó y armonizó las creencias Cristianas con la filosofía Griega.
Aquino interpretó a Pablo usando la mente de Aristóteles, e institucionalizó la
filosofía griega en la teología Cristiana. Tanto católicos como protestantes,
desde entonces, estudian a Pablo usando el punto de vista de filósofos paganos,
que vivieron 5 siglos antes que Pablo (página 28 del texto).
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