Sábado 23 de junio de 2012
Edwin R. Jusino
“Y haré que se
pegue tu lengua a tu paladar, y estarás mudo, y no serás a ellos varón que
reprende; porque son casa rebelde.”
Ezequiel 3:26
Dios todavía usa a los profetas entre
medio del cuerpo para hablarle a los hombres palabras y manifestar su gloria. Pero, muchas veces, cuando lo que
Dios dice a través del profeta no es del agrado de los hombres, el pueblo
tiende a levantarse contra el profeta, cuando es Dios y no el hombre el que ha
dicho lo que no agradó. Algo que como cristianos muchos no han entendido, es
que Dios es dios, y el determina lo que es mejor, a pesar de lo que el hombre
quiera para su vida.
Hay ocasiones que Dios hace enmudecer a
los profetas, tal y como observamos en el versículo introductorio de Ezequiel.
La razón de Dios enmudecer al profeta es por la rebeldía del pueblo, porque la
congregación se ha convertido en una casa rebelde. Hay que aclarar que este
enmudecimiento difiere al silencio de Dios, que se refiere mas a cuando Dios va
actuar pero permanece en silencio.
Veamos que significan ciertas palabras
claves para entender este mensaje:
La palabra mudo, según el diccionario de
la Real Academia Española, significa privado
de la facultad de hablar. La palabra silencio significa abstención de hablar.
Entonces hay una diferencia entre cuando
Dios hace silencio a cuando Dios enmudece a un profeta. Esto es por que cuando
hace silencio, no necesariamente deja de hablar de otros temas, pero cuando
enmudece, el profeta deja de hablar en su totalidad.
Entendiendo esta diferencia, ¿Por qué Dios
enmudecería a un profeta? Ezequiel 3:26-27 nos da la respuesta: “27 Más cuando
yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás: Así ha dicho Jehová el
Señor: El que oye, oiga; y el que no quiera oír, no oiga; porque casa rebelde son.”
Dios enmudeció a Ezequiel por que el
pueblo era rebelde y vez tras vez se levantaban contra Ezequiel, debido a que
Dios usaba a Ezequiel para disciplinarlos.
¿Qué es un pueblo que se ha convertido en
casa rebelde?
Ezequiel 2:5 dice: “Acaso ellos escuchen;
pero si no escucharen, porque son una casa
rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos.” Vemos en este
versículo que una casa rebelde no escucha al profeta.
Ezequiel 2:6 dice: “Y tú, hijo de hombre,
no les temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te hallas entre zarzas y
espinos, y moras con escorpiones; no tengas miedo de sus palabras, ni temas
delante de ellos, porque son casa
rebelde”.
Aquí vemos que los que son casa rebelde
son zarza y escorpiones. Una zarza es un arbusto con espinas de la familia de
las Rosáceas, con tallos sarmentosos, arqueados en las puntas, prismáticos, de
cuatro a cinco metros de largo, con aguijones fuertes y con forma de gancho,
hojas divididas en cinco hojuelas elípticas, aserradas, lampiñas por el haz y
velludas por el envés, flores blancas o róseas en racimos terminales, y cuyo
fruto, comestible, es la zarzamora. Un escorpión es un arácnido con tráqueas en
forma de bolsas y abdomen que se prolonga en una cola formada por seis
segmentos y terminada en un aguijón curvo y venenoso.
Entiéndase, que los miembros de una casa
rebelde son personas que aparentan ser una persona hermosa por fuera, pero
cuando te les acercas te hieren con sus espinas y te inyectan su veneno como el
escorpión. Así es que el pecado se propaga por un pueblo destruyendo la unidad,
llevándolos a la derrota. Tomemos el
ejemplo del pecado de Acán en Josué 7:1: “Pero los hijos de Israel cometieron
una prevaricación en cuanto al anatema; porque Acán hijo de Carmi, hijo de
Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira de Jehová
se encendió contra los hijos de Israel.”
Debido a la desobediencia de Acán, lo que
significó que Acán se había rebelado contra Dios, el pueblito de Hai, que eran
numéricamente inferiores a los Israelitas, los derrotó. El pueblo entero sufrió
el castigo por un solo rebelde, imagínese cuanto más será el juicio de una casa
rebelde. En el caso de Acán su sentencia fue una de muerte para él y toda su
familia (Josue7:24-25).
Ezequiel 2:8 dice “Mas tú, hijo de hombre,
oye lo que yo te hablo; no seas rebelde como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te doy.” Observamos en
este versículo que una casa rebelde no digiere la palabra que Dios les da, más
bien la rechaza. El rechazar la palabra de Dios es un pecado que acarrea juicio
contra nuestra vida.
Jesús dijo en Juan 12: 48-49: “El que me
rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he
hablado, ella le juzgará en el día postrero. Porque yo no he hablado por mi
propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de
decir, y de lo que he de hablar”. Aquí el Maestro nos dice que el que rechaza
la palabra de Dios, rechaza a Jesús, y por consiguiente al Padre. Esa persona,
no tiene salvación por que ha rechazado a Jesús en su vida.
Ezequiel 12:2 dice: “Hijo de hombre, tú
habitas en medio de casa rebelde, los cuales tienen ojos para ver y
no ven, tienen oídos para oír y no oyen, porque son casa rebelde.” En este versículo vemos que Dios describe a
una casa rebelde como aquellos que pudiendo ver no quieren ver, y pudiendo oír
no quieren oír. Conscientemente ignoran lo que Dios una y otra vez les ha
demandado, y entran en contienda contra Dios. La acción de ignorar lo que Dios
les demanda, es lo mismo que rechazar la palabra de Dios.
Finalmente, Ezequiel 12:25 dice “Porque yo
Jehová hablaré, y se cumplirá la palabra que yo hable; no se tardará más, sino
que en vuestros días, oh casa rebelde,
hablaré palabra y la cumpliré, dice Jehová el Señor.” Finalmente vemos la
última característica de una casa rebelde, incredulidad. La incredulidad de la
casa rebelde la lleva a rechazar la palabra de Dios, y a decir que este no es
el momento en el que se cumplirán las promesas como dice Ezequiel 17:27.
Una casa rebelde no es necesariamente un
pueblo, sino que como hemos estudiado anteriormente, una casa es un templo, y
cada individuo es un templo viviente.
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