Martes 13 de noviembre de 2012
“Porque no tenemos lucha contra
sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los
gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de
maldad en las regiones celestes.”
Efesios 6:12
En el estudio
introductorio sobre el mundo espiritual, hablé sobre las diferentes clases de
espíritus. En esta ocasión estaremos estudiando al ángel caído que tomó por
nombre Astarot. Todos los dioses paganos son, en realidad, espíritus inmundos
al servicio de Lucifer. Los ángeles, al ser espíritus, tienen poder, aunque el
de ellos sea menos que el de Dios. Es por esto que aquellos siervos de las
tinieblas pueden ostentar poderes espirituales sobrenaturales. Pero, reitero,
que no hay poder sobre el nombre de Jesucristo, y que el Espíritu Santo es
sobre cualquier otro espíritu.
Antes de entrar en
los ejemplos bíblicos de Astarot, primero observemos quien es. Astarot es un
príncipe de las tinieblas, según la religión Fenicia. El dios Astarot tiene
como contraparte a la diosa Astarte, quién se relaciona a la fertilidad,
sexualidad, y a la guerra. El símbolo usado en el culto a Astarot es una
estrella encasillada en un círculo con el nombre de Astarot entre medio de ese primer
círculo y un segundo círculo. Según textos medievales, Astarot es un demonio de
vanidad, razonamiento filosófico propio, y vagancia. Es decir, Astarot
influencia a los hombres a mantenerse en el egocentrismo propio, y sus
influencias evitan que el hombre mire hacia Dios para buscar la solución.
El mero hecho de
que es considerado un príncipe de las tinieblas nos indica que el demonio
Astarot es un demonio de alta jerarquía.
Según textos cabalísticos judaicos, o sea, los judíos que practican el
ocultismo, Astarot es considerado un arcángel caído, demostrando que el
espíritu inmundo que estamos considerando es, en sí, de alta jerarquía.
Su importancia es
tal, que la biblia registra que los hijos de Israel fueron engañados a darle
culto a este demonio.
La primera
instancia que vemos a Astarot mencionado en la biblia es en Jueces 2:11-14:
“Después los hijos de Israel hicieron lo malo
ante los ojos de Jehová, y sirvieron a los baales. Dejaron a Jehová el Dios de
sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros
dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales
adoraron; y provocaron a ira a Jehová. Y dejaron a Jehová, y adoraron a Baal y
a Astarot. Y se encendió contra Israel el furor de Jehová, el cual los entregó
en manos de robadores que los despojaron, y los vendió en mano de sus enemigos
de alrededor; y no pudieron ya hacer frente a sus enemigos.”
Aunque estaremos
presentando un estudio aparte sobre Baal, es importante notar que Baal es un
nombre de Satanás. Por ende, la asociación bíblica al poner a Astarot, tras el
nombre de Baal, es importante. Denomina que Astarot es de importancia en la
jerarquía copiada por Lucifer.
Es importante
recalcar que toda adoración a dioses paganos es adoración a espíritus inmundos.
Veamos otros
ejemplos de la consecuencia de adoración de Astarot en la biblia. Consideremos
ahora 1 de Samuel 7: 3-4: “Habló Samuel a toda la casa de Israel,
diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses
ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y
sólo a él servid, y os librará de la mano de los filisteos. Entonces los hijos
de Israel quitaron a los baales y a Astarot, y sirvieron sólo a Jehová.”
Nuevamente vemos
que se enfatiza la figura de Astarot en el pasaje bíblico, debido a la
importancia y nivel jerárquico que tenía este demonio en Israel. Una y otra
vez, vemos que la adoración a este “dios” es respondida con la separación del hombre
de la protección que Dios otorga. La adoración a cualquier demonio conlleva la
esclavización del individuo.
Tal y como la
nación de Israel fue sometida a diferentes adversidades, así mismo el individuo
que le da tributo a cualquier demonio será cautivo por esa potestad. En este
caso, Astarot cautiva a los hombres, hombres y mujeres, con el egocentrismo.
Cuando una persona cree que no necesita nada más que ellos mismos, crean de sí
mismos la falsedad de que ellos pueden ser dioses. El mismo pecado que cometió
Satanás, al querer reemplazar a Dios.
Según la Real
Academia Española, vanidad significa: Falto de realidad, sustancia o
entidad; arrogancia, presunción, envanecimiento.
2 Reyes 17: 13-15: “Jehová amonestó entonces a Israel y a Judá
por medio de todos los profetas y de todos los videntes, diciendo: Volveos de
vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a
todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por medio
de mis siervos los profetas.”
“Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron
su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su
Dios.”
“Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él
había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y
siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que
estaban alrededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado que no
hiciesen a la manera de ellas.”
En este pasaje vemos que la vanidad,
o el egocentrismo (RAE: Exagerada exaltación de la propia personalidad,
hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales.), causan que desobedezcamos a Dios, apartándonos
de los propósitos que Dios tiene para con nosotros.
La vanidad es una
fuerza que todo cristiano tiene que mantenerse alerta en contra. Pues hasta
Salomón, quien es considerado uno de los reyes más sabios, cayó en las
tentaciones de Astarot.
1 de Reyes 11: 4-6 “Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron
su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios,
como el corazón de su padre David. Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de
los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas. E hizo Salomón lo
malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su
padre.”
El mismo Salomón,
luego de recapacitar tras tornarse a Astarot, advierte en Eclesiastés 1:2-3 “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador;
vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su
trabajo con que se afana debajo del sol?”
Debemos pues no
afanarnos por nada en este mundo, y solo enfocarnos en hacer la voluntad de
Dios.
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