“Así ha hablado
Jehová de los ejércitos, diciendo: Este pueblo dice: No ha llegado aún el
tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada”.
Hageo 1:2 (RV1960)
Dios llama a todos a edificar su templo.
Pero ¿Cuál templo? ¿Un templo físico o un templo espiritual? Por mucho tiempo Jehová ha llamado a la
iglesia a construirle templo, pero muchos no han entendido el llamado. Cada día
hay más y más cristianos religiosos que dicen ser y no son, por que su vida no
da testimonio de Jesús, porque no han edificado templo para el Espíritu Santo.
Antes de continuar ¿Qué significa la
palabra templo? Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra
templo significa edificio o lugar destinado pública y exclusivamente a un
culto. La palabra hebrea para templo es Beit Hamikdash que traducido significa
la “la casa santa”. También, la palabra
hebrea para Tabernáculo, mishkan, significa casa de Dios.
Entonces, somos llamados a edificar una casa de Dios, pero ¿es una casa de Dios física o una espiritual? El templo que Dios desea que se edifique es primordialmente uno espiritual. Aunque, si hay que aclarar que el tercer templo será edificado en Jerusalén durante la Gran Tribulación, los cristianos estamos llamados a ser un templo viviente.
1 de Corintios 3:16-17 dice: “¿No sabéis
que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno
destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios,
el cual sois vosotros, santo es”. Según lo que leemos en este versículo, Dios
le revela a Pablo que somos templos para él. Entonces ¿Dónde debemos edificar
el templo? El templo que Dios quiere que cada cristiano edifique es en el
corazón.
Ahora, para edificar un templo, tenemos
que saber cómo lo vamos a edificar. Dios, es un dios de orden, y siempre da
instrucciones claras y especificas de cómo, cuándo, y donde se hacen las edificaciones.
Tres ejemplos de esto son el Arca de Noé, el Tabernáculo, y el Primer Templo. El
tabernáculo fue el modelo para la construcción del templo.
Dentro del tabernáculo había unos objetos
que vamos a discutir.
El primero de estos objetos lo era el Altar
de Bronce (Éxodo 27), que se encontraba en el atrio. En el Altar de Bronce era
donde se hacían los sacrificios de sangre para la expiación de los
pecados. Levítico 17:11 dice “porque la
vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación
sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la
persona.” Según leemos, la única manera de limpiar nuestras vidas del pecado es
con el derramamiento de sangre. Los sacrificios de animales eran usados de esta
forma, como símbolo del sacrificio que haría Jesús en la cruz.
Es entonces el Altar de Bronce un símbolo
de Jesús. Dentro de nuestro templo tenemos que tener este Altar de Bronce, que
lo colocamos al momento de aceptar a Jesús como nuestro salvador. Pero,
recuerde, que este Altar de Bronce está en el atrio, o sea a la entrada del
templo.
Como cristianos no podemos solamente dejar
a Jesús en el atrio, pues en Apocalipsis 3:20 dice “he aquí, yo estoy a la
puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré
con él, y él conmigo.” ¿Estamos abriéndole la puerta de nuestro templo a Jesús
o lo estamos dejando en el atrio?
En el atrio también se encontraba una
fuente de bronce (Éxodo 30: 17-21), situada entre el Altar de Bronce y el
Tabernáculo. Esta fuente era usada por los sacerdotes para lavarse sus cuerpos
antes de entrar al Tabernáculo. Cuando un sacerdote iba a entrar al templo
tenía que estar puro. Esta fuente es
representativa del Espíritu Santo, que nos santifica, limpia de los pecados y
errores que cometemos, y nos permite entrar a la presencia de Dios. Es también
un símbolo del Camino de Santidad (Isaías 35:8) que cada cristiano está llamado
a caminar. Fíjese, que habla de Camino
con letra mayúscula, y no hace referencia al camino con letra minúscula. El
Camino de Santidad es Jesucristo mismo, quien nos lleva en dirección del Padre,
quien nos enseña cómo debemos caminar. Juan 14:6 dice “Jesús le dijo: Yo soy el
camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”Hebreos 12:14
dice “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”
La fuente de bronce es puesta en el
momento que aceptamos a Jesús como nuestro Salvador y nos embarcamos en el
Camino de Santidad.
Fíjese, que todavía no hemos entrado a la
edificación del templo, que como ya mencionamos está en el corazón. ¿Estamos dejando a Jesús en el atrio o
estamos dejando que él entre a nuestro templo? Jesús es un caballero, y el no
va a forzar a nadie a permitirle entrar de lleno en su corazón. Si nos
limitamos con dejar a Jesús en el atrio, estamos cerrando la puerta a nuestro
crecimiento espiritual.
En el Lugar Santo, que es el lugar antes
del Lugar Santísimo y donde se entraba tras pasar el atrio, se encontraba el
Menorá o candelabro de siete brazos (Éxodo 25:31-40), la mesa de los panes de la proposición (Éxodo25:23-30)
y el Altar de Oro (Éxodo 30: 1-10).
El Menorá,
que era una lámpara de siete brazos de aceite, que tiene varios símbolos. El
primero es el más sencillo, es una representación de Jesús, que es la luz del
mundo tal y como dice Juan 8:12: “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la
luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz
de la vida.” Mientras Jesús está en el atrio, nuestro corazón está en
tinieblas. Mientras Jesús esté en el atrio, no hemos edificado el templo, pues
solamente hemos sido superficiales; no hemos permitido que Jesús sea nuestro
Señor. Lo aceptamos como nuestro Salvador pero no le hemos dado su lugar de Señor.
Cuando permitimos que Jesús entre a
nuestros corazones, entonces su luz llena nuestros corazones y empezamos a
brillar como parte del cuerpo de Dios. Mateo 5:14-15 dice “Vosotros sois la luz
del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se
enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y
alumbra a todos los que están en casa.”
El Menorá se pone en nuestro templo cuando
decidimos abrirle la puerta a Jesús a nuestro corazón y darle el Señorío del
mismo. O sea, cuando decidimos pasar por la Fuente de Bronce y coger el Camino
de la Santidad para ser imitadores de Cristo. Cuando tomamos ese camino,
entonces Jesús entra a nuestro corazón y empezamos a brillar, dejamos de estar
en tinieblas; comienza la muerte al yo.
El Menorá también contiene otro símbolo
importante, relacionado con lo que ya mencionamos de la luz. El Menorá tenía 9
diseños de flores incrustadas en su diseño. Estas 9 flores representaban los 9
frutos del Espíritu. Gálatas 5: 22-23 dice “mas el fruto del Espíritu es amor,
gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra
tales cosas no hay ley.” Esto es por que
cuando Jesús empieza a ser Señor de nuestras vidas, y empezamos a caminar en
Santidad, empezamos a florecer. Estos frutos nos embellecen y empiezan a
contribuir al brillo que emanamos con la luz.
Los doce panes de la proposición tienen varios
símbolos, pero principalmente quiero hacer hincapié en dos. El pan de la proposición
era comido solamente por los sacerdotes. Jesús dijo en Juan 6:35: “Jesús les dijo: Yo soy el pan de
vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá
sed jamás.” Entiéndase, que los panes son símbolo de Jesús, y que nosotros,
como sacerdotes tenemos que comer el pan de vida. En Mateo 26:26 dice “Y
mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus
discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.”
Los panes los ponemos en nuestro corazón
cuando tomamos la Santa Cena y cuando digerimos su palabra. Cuando empezamos a
leer y escudriñar la Biblia, y le permitimos al Espíritu Santo enseñarnos,
entonces, estamos digiriendo el pan de vida. En Mateo 4:4 dice “el respondió y
dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que
sale de la boca de Dios.”
El Altar de Oro, que estaba frente al velo
que dividía el Santo Lugar del Santísimo Lugar, era donde se ofrecía incienso
para Dios. Este altar representa dos cosas: la adoración y la oración.
El incienso representa las oraciones que
cada uno hacemos ante Dios. Apocalipsis 8:3-4 dice “otro ángel vino entonces y
se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso
para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que
estaba delante del trono. Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios
el humo del incienso con las oraciones de los santos.”
¿Qué es incienso? Es una preparación de
resinas aromáticas vegetales, a las que a menudo se añaden aceites esenciales
de origen animal o vegetal, de forma que al arder desprenda un humo fragante
con fines religiosos, terapéuticos o estéticos.
El incienso que se quemaba frente al
Santísimo tenía, como ya vimos en Apocalipsis, el fin de levantar las oraciones
de los santos. También vemos esto en el Salmo 141:2: “Suba mi oración delante
de ti como el incienso, El don de mis
manos como la ofrenda de la tarde.”
El incienso también es representación de
adoración. Los magos que visitaron a Jesús en su nacimiento regalaron, entre
otras cosas, incienso: Mateo 2: 11: “Y al entrar en la casa, vieron al niño con
su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le
ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.”
Los cristianos estamos llamados a orar en
todo momento (1 de Tesalonicenses 5:17), y de adorar a Dios en todo tiempo como
dice en Salmos 34: “Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de
continuo en mi boca.” Cuando Jesús entra a nuestro Santo Lugar, y empezamos a
brillar, empezamos a adorar a Dios de una manera que nuestra adoración es como
un perfume agradable para él. Porque, al dejar de estar en pecado, y estar
caminando en santidad, agradamos a Dios. Esto nos convierte en sacrificios
vivos para Dios.
Romanos 12: 1 dice “Así que, hermanos, os
ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en
sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”
Cuando caminamos imitando a Jesús, y damos
un buen testimonio, estamos adorando a Dios. Cuando nos separamos para Dios, y
vivimos en santidad, presentando nuestro cuerpo como sacrifico vivo, estamos
adorando a Dios. La adoración va mucho más de unos cánticos y música en el
culto.
Pero ¿estamos dejando a Jesús solamente en
el Santo Lugar, o estamos dispuestos a dejarlo entrar al Santísimo? En el
Santísimo se encuentra el Arca del Pacto, que entre diferentes cosas, se encontraban
las tablas de la ley. Cuando permitimos que Jesús entre al Santísimo, o sea, lo
más profundo de nuestro corazón, estamos entrando en un pacto con Dios. El Arca
del Pacto es el símbolo del pacto de Dios con cada cristiano, más allá de los
diferentes pactos que Dios llama a cada persona hacer en su debido momento.
Jeremías 31:33 dice “Pero este es el pacto
que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi
ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y
ellos me serán por pueblo.”
La ley de Dios está escrita en nuestro
corazón cuando permitimos que Jesús, que es nuestro sumo sacerdote, entre al
Santísimo lugar. Es en el Santísimo donde nosotros entonces tenemos comunión
con Dios Padre. Pero, solamente podemos llegar a esta comunión cuando Jesús es
nuestro Salvador y Señor.
Juan 14: 6 dice “Jesús le dijo: Yo soy el
camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me
conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le
habéis visto.”
En resumen de esta primera parte:
1.
Cuando
venimos a los pies de la cruz, Jesús está en el atrio de nuestro templo tocando
a nuestra puerta.
2.
Cuando
nos encaminamos por el Camino de Santidad, abrimos la puerta a Jesús al Santo
Lugar y a que el Espíritu Santo entre a nuestra vida a limpiarnos y
purificarnos. Es aquí donde la luz de Jesús empieza a brillar y nuestra vida empieza
a dar los Frutos del Espíritu. Empezamos a convertirnos en sacrificios vivos,
adorando a Dios en todo momento.
3.
Cuando
ya somos sacrificios vivos, entonces Jesús nos presenta al Padre en el
Santísimo lugar, donde tenemos la ley escrita en nuestro corazón y entramos en
comunión con Dios Padre.
Cuando tenemos esa comunión con Dios,
entonces la Shekinah de Dios habita dentro de nuestro templo. La palabra hebrea
Shekinah significa habitar, posarse, o morar. Era llamada así la nube de Dios
que moraba en el Tabernáculo. Cuando nuestro caminar es en santidad, y hemos
permitido que Jesús entre a nuestro Santísimo como sumo sacerdote, y Señor de
nuestras vidas, el Espíritu Santo de Dios habita dentro de nosotros. A medida
de que nos vallamos acercando más a Dios, el Espíritu Santo comienza sanarnos,
darnos alerta, y revelarnos la voluntad de Dios. Tal y como dice 1 de Corintios
3:16, la Shekinah de Dios empieza a morar en nosotros.
¿Qué pasa cuando pecamos contra Dios?
Entonces estamos ensuciando la casa del Espíritu Santo. 2 Corintios 6:14 dice “No os unáis en yugo
desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la
injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”Cuando dejamos la
santidad por los anhelos de la carne, estamos teniendo comunión con las
tinieblas, o sea, pecamos. Cuando pecamos, el Espíritu Santo no puede estar
dentro de nosotros, porque donde Dios mora no hay tinieblas.
¿Cuáles son, entonces los frutos de la
carne que nos apartan del Camino de Santidad? Gálatas 5:19-21 dice “Y
manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación,
inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos,
iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras,
orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya
os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino
de Dios.”
¿Estamos edificando templo a Jehová, a
usted mismo o a Satanás?
Hageo 1:3-10 dice: “Entonces vino palabra
de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: ¿Es para vosotros tiempo, para
vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta? Pues
así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis
mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis
satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su
jornal en saco roto. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre
vuestros caminos. Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré
en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová. Buscáis mucho, y
halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo. ¿Por qué? dice
Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de
vosotros corre a su propia casa. Por eso se detuvo de los cielos sobre vosotros
la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos.”

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