En la mañana del martes 22 de mayo de
2012, tuve un sueño. Parado en la Academia Wesleyana en Guaynabo entre miembros
de mi clase graduanda escuché un gran ruido en el cielo. La escuela estaba
desierta, y vi como las aguas empezaban a inundar las facilidades. Escuchaba
como si fuera una transmisión de emergencia de radio una alerta de tsunami para
Puerto Rico, Islas Vírgenes, el norte y este de la República Dominicana, norte
de Haití, norte y este de Cuba, el este del estado de la Florida, Georgia, las
islas Bahamas, la isla de Bermuda y el resto de la costa este de los Estados Unidos.
En el sueño podía ver como si fuera de
día, como si una luz irradiara de atrás de mí, pero era de noche por que no
había estudiantes en la escuela. Vi como cuatro enormes olas chocaban contra la
costa de Puerto Rico y escuchaba los gritos de terror de todos los que estaban
en las costas. La magnitud de la fuerza con la que chocaban estas olas era de
tal, que entraba por los ríos hacia adentro, afectando las áreas aledañas a ríos
y riachuelos.
Toda la avenida Felisa Rincón de Gautier,
que pasa por detrás de la Academia Wesleyana estará inundada y bajo las aguas.
Vi a muchos tratando de escapar en carros, tratando de cruzar el puente que
está al lado del Video Avenue del camino Alejandrino siendo arrastrados por la corriente que había
sobre pasado el puente.
Escuchaba la voz de Dios despertándome, y
pensaba que esto que soñaba ocurría en ese instante. Tras realizar que era uno
de los sueños más vivos que he tenido en mi vida, el Espíritu Santo me
inquietaba para escribirlo.
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