Jueves 22 de diciembre de 2011
Edwin R. Jusino
“No os unáis en
yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia
con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”
2 de Corintios
6:14
En cuanto viene a relaciones, por alguna
razón, la Iglesia de Dios no ha brindado un mensaje claro de lo que es un
noviazgo perfecto y agradable a la voluntad de Dios. En un siglo donde la
perversión sexual entre la juventud es la ley, donde a lo bueno lo descartamos
diciéndole malo, y a lo malo lo alabamos diciéndole bueno, es bueno escudriñar
la palabra de Dios en respecto al tema.
Los cristianos tenemos que entender que
Dios es bien claro en torno a las parejas. En estudios anteriores podemos ver
cuán meticuloso es Dios en torno a las relaciones sexuales, y es el Señor quien
debe dirigir y ser la piedra angular de una relación entre dos hermanos de la
fe. Un noviazgo cristiano es una trinidad: el hombre, la mujer, y Dios. Si Dios
no está en la relación como punto central ocurre lo descrito en el versículo de
introducción, un yugo desigual. Les recuerdo, si usted es un cristiano, es un
Siervo de nuestro Señor, por ende, su voluntad debe de ser hacer lo que Dios
desea para su vida. Al aceptar a Jesucristo como nuestro salvador y Señor, estamos convirtiéndonos en sus
siervos, y por consiguiente, es nuestro deber hacer la voluntad de nuestro
Señor.
Si una parte de la relación no está
queriendo hacer la voluntad de Dios, es un yugo desigual, y por consiguiente no
es agradable a Jehová.
Ahora, ¿cuáles son los ejemplos a seguir
que Dios nos provee en la palabra? Empecemos por Génesis 24, donde Abraham le
busca una esposa a Isaac. Observemos que en el versículo 3 dice: “que no
tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo
habito”. En muchas ocasiones, tanto Egipto, como Canaán, son símbolos que
representan al mundo. ¿Qué significa esto? Si eres cristiano, no deberías estar
interesándote por hombres o mujeres mundanos (yugo desigual) que no le sirven a
Dios. Mas, deberías poner tus ojos solamente en otro siervo o sierva del Dios
Altísimo como dice en el versículo 4: “sino que irás a mi tierra y a mi
parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac”. Recuerda, que somos hermanos y
hermanas en Cristo, lo que nos hace una misma parentela.
El versículo 8 y el versículo 58 vemos que
la pareja que Dios escoge para nosotros tiene que estar dispuesta hacer la
voluntad del Señor. Dios no obliga a nadie hacer su voluntad, pues tiene que
salir de su corazón, un corazón que busque agradar al Señor. Es importante
tener esto en mente, pues es Dios quien escoge a nuestras parejas, no nosotros.
Es como el viejo decir, “la que está pa uno”.
Tenemos que tener fe que Dios escogerá la
persona idónea para nosotros, aunque no sea necesariamente la persona que
nosotros queremos o deseamos. Dios conoce nuestros corazones, y sabe lo que es
mejor para nosotros, aunque nosotros no entendamos o lo percibamos así. Es
cuestión de creerle a Dios.
¿Cómo saber si la persona es la voluntad
de Dios para nuestras vidas? Dios nos deja saber por una gama de formas, pero
usted mismo puede pedirle a Dios que le confirme dándole señales. El versículo
14 nos da un ejemplo: “Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu
cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré
de beber a tus camellos; que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo
Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor.” No solo
el criado pide una señal, sino que reconoce que la que cumpla la señal es la
que Dios ha destinado para Isaac.
Observemos ahora Génesis 29: 20-31, la
historia de Jacob y su trabajo para Labán. Observamos que Jacob se enamoró de
la menor de las dos hijas de Labán, Raquel. Si observamos lo que dice el
versículo 31, veremos que Lea, y no Raquel, fue la que Dios escogió para
bendecir a Jacob, o Israel, dándole la mayoría de sus hijos. ¿Por qué no fue
Raquel, la preferida de Jacob, la que Dios usó para bendecirle? Raquel era una
envidiosa, (Gen 30:1), y una idólatra, (Gen 31:19), a diferencia de su hermana,
que era despreciada por Jacob. Los hombres, tanto masculinos como femeninos,
tendemos a fijarnos en las apariencias y no en el corazón. En Génesis 30 nos
dice que Raquel era más hermosa que Lea, y fue la que Jacob se enamoró
locamente. Pero, Jehová de los Ejércitos no se fija en el parecer de la
semblanza física.
En 1 de Samuel 16:7 dice: “Y Jehová
respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura,
porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el
hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”. Dios
sabía cómo era el corazón de Raquel y el de Lea. El error de Jacob fue no consultar a Dios en
torno a su decisión, como lo hizo el criado de su padre Isaac. Dios sabe cuál
es la ayuda idónea, aún por encima de quien nosotros, obstinadamente, queremos.
Tal vez la persona que escogemos sea la que Dios quiere para nosotros, pero no
siempre es así. Y como ya hemos explicado, Dios no violenta el libre albedrío,
y te permite escoger, aunque sepa que las consecuencias pueden ser diversas.
Ahora, ¿Por qué debe ser el tema del
noviazgo y nuestras relaciones íntimas, tan importante para con Dios? Sencillo,
el noviazgo y el matrimonio es un símbolo de la relación que Jesús tiene con su
iglesia. En Apocalipsis 19:7-9: “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria;
porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de
lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas
de los santos. Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son
llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras
verdaderas de Dios” y en Mateo 25: 1-13 con la parábola de las vírgenes
prudentes y las insensatas.
Refiriendo nuevamente al versículo de
entrada de 2 de Corintios 6:14 ¿se unirá la luz con las tinieblas? ¿Qué parte
tiene un siervo de Dios con un siervo de la carne? Seamos imitadores de Cristo
y no del mundo (1 de Cor. 11: 1), y busquemos ser luz del mundo (Mateo 5:14) en
todos los aspectos de nuestras vidas y no solo en la vida pública. Pues, “porque
nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de
saberse (Lucas 12:2)”.
¿Cómo debemos ser y actuar en cuanto al
trato de nuestras parejas? ¿Cómo identificamos a esa persona idónea? Tomemos en
consideración 1 de Corintios 13: 4-8(a). Debemos ser personas que amemos
incondicionalmente, reflejando las cualidades de lo que es el amor genuino (véase
estudio del Amor). Debemos ser
pacientes, benigno; no debemos ser envidiosos (como Raquel) ni ser debemos ser jactanciosos
(o orgullosos), sino que debemos ser humildes. No debemos ser vanidosos ni
hacer nada indebido. Tampoco deberíamos ser egoístas, ni fáciles de irritar; ni
mucho menos guardianes de rencor. No debemos gozarnos de las injusticias, mas
siempre gozarnos de la verdad. Tenemos que tener confianza en nuestra pareja,
esperar por ellos, y soportarlos.
El tener una pareja es la finalidad de la
muerte a nuestro yo. Pues ya no pensamos por nosotros solamente, sino que
tenemos que tener en consideración los sentimientos de la pareja. La unión de
dos personas por Dios es la cima de un proceso de muerte a nuestra egolatría,
es parte del proceso de sumisión ante la perfecta voluntad de Dios.
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