Viernes 15 de febrero de 2013
Edwin R. Jusino
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se
espera, la convicción de lo que no se ve.”
Hebreos
11:1
En el último estudio concluí
diciendo que para poder ejercer la autoridad hay que tener fe. Pero ¿Qué es la
fe? La biblia en Hebreos 11:1 nos dice que la fe es certeza de que lo que se
está esperando es así, una convicción de seguridad de que lo que no se ve, o
sea, lo que es una verdad en el mundo espiritual es también una verdad en el
mundo físico.
Según la Real Academia Española, la
palabra fe significa, creencia que se da a algo por la autoridad de quien lo
dice o por la fama pública; seguridad, aseveración de que algo es cierto. Según
el diccionario la palabra certeza significa Conocimiento seguro y claro de algo; firme
adhesión de la mente a algo conocible, sin temor de errar. Finalmente
convicción significa idea religiosa, ética o política a la que se está fuertemente
adherido; convencimiento.
Como podemos observar, según el
mismo diccionario la fe proviene de creer lo que dice la fuente de toda
autoridad, es decir, Dios.
Para Dios probar nuestra fe, permite
que Satanás zarandee a los que le creen a él, tal y como se lo permitió con
Job. En otras ocasiones, Dios mismo prueba nuestra fe directamente, como fue en
el caso de Abraham.
Hebreos
11:17-19 dice: “Por la fe Abraham, cuando
fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su
unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando
que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en
sentido figurado, también le volvió a recibir.”
Abraham creía tanto en las promesas
que Dios le había dado que no dudó del poder de Dios para resucitar a Isaac después
de sacrificarle. Se toma una fuerza de voluntad increíble, una convicción y una
certeza firme para obedecer a Dios y creerle a Dios cuando este le pidió el
sacrificio de Isaac. Más aun, cuando Abraham tuvo que esperar 25 años por el
cumplimiento de la promesa que Dios le había hecho.
Dios siempre es fiel a sus promesas,
y el las hace cumplir aun cuando nosotros le somos infiel a Dios. 2 de Timoteo
2:13 dice: “Si fuéremos infieles, él
permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo.” También
en Hebreos 10:23 dice: “Mantengamos
firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que
prometió.” No podemos tambalear en la fe; cuando se tambalea en la fe se
pierde la autoridad. No importa el tiempo que Dios se tarde, hay que creer que
lo que Dios promete ya es un hecho en nuestras vidas.
Cuando no se tiene fe, no se puede
ejercer la autoridad delegada por Dios. En Mateo 17:19-20 dice: “Viniendo entonces los discípulos a Jesús,
aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? Jesús les dijo:
Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un
grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y
nada os será imposible.”
El enemigo de la fe es la duda, que
abre puertas a la incredulidad. Veamos Mateo 14:28-32: “Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo
vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca,
andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el
fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo ¡Señor,
sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre
de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron
en la barca, se calmó el viento.”
En el pasaje citado anteriormente
vemos como mientras Pedro tuvo fe, pudo andar sobre las aguas. Mientras la
mirada de Pedro estuvo puesta en Jesús su fe no fallo, y tuvo la autoridad que
Jesús le delegó para caminar sobre las aguas. Pero al momento en que Pedro se
fijó en las circunstancias, y dejó de fijarse en Jesús se empezó a hundir. Al
tambalear su fe, la autoridad delegada desapareció y no pudo continuar
caminando sobre las aguas.
Sin fe no hay manera de poder
ejercer la autoridad delegada, y sin fe los dones del Espíritu y las
operaciones que da Dios no pueden ser ejercidos a cabalidad. Sin fe, nuestro
crecimiento espiritual mengua.
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