Miércoles 11 de julio de 2012
Edwin R. Jusino
“Entonces
respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro,
deseamos ver de ti señal. El respondió y les dijo: La generación mala y
adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del
profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre
del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el
corazón de la tierra tres días y tres noches.”
Mateo 12:38-40
El gran problema de esta generación es la
incredulidad. La falta de fe en la iglesia la ha convertido poco a poco en una
iglesia fría y sin ánimo. Nuestro instinto humano nos ha llevado a cuestionarlo
todo y esperamos ver manifestaciones del Espíritu para creer primero en el. Pero,
la biblia nos dices que primero tenemos que caminar en fe para ver los milagros
y los prodigios. 2 de Corintios 4:18 dice “no mirando nosotros las cosas que se
ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las
que no se ven son eternas.”
¿Qué significa la palabra incredulidad? Incredulidad,
según la Real Academia Española, significa repugnancia o dificultad para creer
en algo; falta de fe y de creencia religiosa. Cuando no tenemos fe, somos
incrédulos. Y sin fe, no veremos el poder de Dios actuando en nuestras vidas.
Sin fe, podemos perdernos de muchas de las bendiciones que Dios tiene para
nosotros, los que somos contados entre los hijos de Dios.
Veamos los resultados de la incredulidad:
Mateo 13: 53-54: “Aconteció que cuando
terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí. Y venido
a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se
maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros? ¿No
es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos,
Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De
dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? Y se escandalizaban de él. Pero
Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su
casa. Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.”
Por la incredulidad de la gente en
Nazaret, Jesús no hizo muchos milagros allí. Cuando alguien de nuestra propia
familia o cercanos a nosotros nos trae un mensaje de parte de Dios, somos reacios
a creerles. Nuestra naturaleza humana nos hace pensar y juzgar al profeta, que
enfocarnos en el mensaje. Al igual que los hombres en Nazaret, nos fijamos en
el pasado de la persona, y nos olvidamos que Dios hace como quiere y con quien
quiere.
En 1 de Corintios 1: 27-29 dice “sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia.”
En 1 de Corintios 1: 27-29 dice “sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia.”
En Marcos 9:21-24 dice “Jesús preguntó al
padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas
veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer
algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer,
al que cree todo le es posible. E inmediatamente el
padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.”
Aquí vemos que el padre de este niño
endemoniado no tenía fe, puesto que llevaba años tratando con la situación.
Cuando los discípulos intentaron reprender al demonio, no pudieron. Esto menguó
aun más la fe de este señor. Por ese le pide a Jesús que ayude a sanar su
incredulidad. Ese acto de fe, es lo que permite que el pueda recibir el milagro
que tanto anhelaba. Al pasar de la incredulidad a la fe, sus ojos fueron
abiertos y pudo ver la gloria de Dios.
En Marcos 16:14 dice “Finalmente se
apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su
incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían
visto resucitado.”
¿Cuántas veces no hemos creído el mensaje
que nos trae algún hermano de la Iglesia? Estos son los discípulos, que
caminaron con Jesús en la carne, los que lo escuchaban predicar todos los días.
Los mismos que no creyeron cuando Maria Magdalena les contó, ni cuando los discípulos
que se lo encontraron en el camino a Emaus relataron su testimonio. La dureza
de corazón alimenta la incredulidad, evitando que podamos ver cuál es la
perfecta voluntad de Dios para nuestras vidas.
En Romanos 3:3-4 dice “¿Pues qué, si
algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la
fidelidad de Dios? De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre
mentiroso; como está escrito:
Para que seas justificado en tus palabras,
Y venzas cuando fueres juzgado. m
Para que seas justificado en tus palabras,
Y venzas cuando fueres juzgado. m
Dios es fiel a sus promesas, no importa si
le creemos o no. Su palabra es verdad sobre cualquier otra verdad. La
incredulidad del hombre solo atrasa los planes de Dios para nuestras vidas,
pero no la detiene.
Romanos 11:20 dice “Bien; por su incredulidad fueron desgajadas,
pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme.”
Cuando hay incredulidad en nuestra vida,
somos arrancados de la comunión con Dios. También vemos que la soberbia, altivez
y apetito desordenado de ser preferido a otros, causa en el hombre incredulidad, pero el temor
a Dios causa que tengamos fe en el. La fe, a diferencia de la incredulidad, nos
mantiene en la roca, que es Cristo, de pie, a pesar de las circunstancias que
estemos viendo o viviendo.
Hebreos 3:12 dice “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo;”
Aquí entendemos que el resultado final de
la incredulidad es que poco a poco nos aparte de Dios. El constante
cuestionamiento de Dios, endurece nuestros corazones, y eventualmente empezamos
a retroceder y alejarnos de Dios. En Hebreos 3:19 dice también “Y vemos que no
pudieron entrar a causa de incredulidad”. ¿A dónde no pudieron entrar? Al reino
de los cielos. La incredulidad nos roba la salvación y las bendiciones de Dios.
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