Martes 12 de febrero de 2013
Edwin R. Jusino
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne,
sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las
tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones
celestes.”
Efesios 6:12
Querámoslo aceptarlo o no, los
cristianos estamos envueltos todos los días y todas las noches en una guerra
espiritual. Tal y como dice Efesios 6:12, nuestra lucha no es una contra carne
y sangre. Nuestra lucha es contra los principados, potestades, gobernadores de
tinieblas y huestes de maldad. Cada una de estas categorías corresponde a la
jerarquía satánica de los demonios.
Tenemos que entender que los
cristianos no estamos exentos de los ataques de los espíritus en servicio de
Satanás, tanto angelicales como humanos.
Mateo 5:11-12 dice “Bienaventurados sois cuando por mi causa os
vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos
y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así
persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.” Estas cosas
pasan aquellos que están activos en la fe. Es por eso que hay que saber cómo luchar
la batalla espiritual, no contra el ser humano, sino contra los espíritus que
le tienen cautivo.
Según un ensayista Fernando Alexis
Jiménez, que publicó un ensayo titulado “¿Qué son y cómo salir de las prisiones
espirituales?” en la página jimdo.com, “Millares de personas hoy están bajo
esas ataduras [espirituales]. ¿Quiere saber algunas? Ataduras sexuales: la
pornografía, el adulterio, la fornicación, perversión a través de pensamientos
e incluso, exhibicionismo. También encontramos otras cárceles espirituales como
son la ruina, la enfermedad —muchas veces sin explicación médica--, la falta de
perdón, el desánimo, el temor y los deseos de quitarse la vida.
Estas prisiones espirituales son el
producto de abrir puertas al demonio o como consecuencia de la influencia del
enemigo espiritual.”
¿Cómo Satanás trae cautivo a los
seres humanos? De dos maneras. La primera es por la posesión demoniaca directa,
y la segunda es oprimiendo o influenciando al cristiano por medio de
pensamientos, y emociones que lo llevan a tomar acciones en contra de la
voluntad de Dios. Recuerden, que debido a que somos templo del Espíritu Santo,
los demonios no pueden posesionarse de un cristiano, pero si pueden lanzar dardos
en forma de pensamientos, y emociones para tentarle.
Veamos dos ejemplos bíblicos. El
primero se encuentra en Mateo 4: 1-4: “Entonces
Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y
después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a
él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el
hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”
En la escena anterior vemos como
Satanás tentó a Jesús en el desierto. En la próxima veremos un caso bíblico de
posesión demoniaca.
Mateo 17:14-18: “Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló
delante de él, diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y
padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. Y
lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar. Respondiendo Jesús,
dijo: !Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con
vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá. Y reprendió Jesús al
demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora.”
¿Cuáles son las armas que podemos
usar para defendernos de los ataques del enemigo? ¿Cuáles son las armas que
podemos usar para mantenernos libre de la esclavitud?
Volvamos a Efesios 6:10:18: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en
el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para
que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos
lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra
los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de
maldad en las regiones celestes.”
“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en
el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes,
ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y
calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el
escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y
tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de
Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y
velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;”
Analicemos poco a poco esta porción
de Efesios 6. “Por lo demás, hermanos
míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.” ¿Cómo nos fortalecemos
en el Señor, y en el poder de su fuerza? Ya el Maestro nos dio la respuesta en
los dos versículos que usamos de ejemplo anteriormente, ayunando y orando. En
el primer ejemplo vimos que Jesús se fue al desierto ayunar por 40 días,
mientras que en Mateo 17:19-20: “Viniendo
entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos
echarlo fuera? Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo,
que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de
aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Pero este género no sale sino
con oración y ayuno.”
La manera en que los cristianos nos
fortalecemos en el Señor es pasando tiempo delante del Señor en oración y ayuno.
El ayuno provoca que nuestra carne tenga que someterse al espíritu; mientras la
carne mengua, el espíritu se fortalece. Gálatas 2:20 dice: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive
Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de
Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Crucifiquemos pues
nuestra carne tal y como dice en Gálatas 5:24: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y
deseos.” ¿Cómo crucificamos la carne? En ayuno y en oración, fortaleciendo
el espíritu y negándole alimento a la carne. Porque la carne es como un
luchador de sumo, mientras más le des de
comer, más grande y fuerte se pone el sumo. Por consiguiente si el sumo es más
fuerte que tu espíritu, caerás en tentación, y en pecado. Pero si tu espíritu
crece y se amalgama con el Espíritu Santo, o sea permitiéndole al Espíritu
Santo transformarte y moldearte, entonces el sumo poco a poco pierde su fuerza
y eventualmente quedará esquelético.
Pero como dice en 1 de Corintios
10:12: “Así que, el que piensa estar
firme, mire que no caiga.” ¿Cómo evitamos que ese sumo nos domine? En ayuno
y en oración, creciendo en el espíritu y menguando en la carne.
“Vestíos
de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas
del diablo.” Cuando leemos este
pasaje de Efesios 6, a veces lo leemos y no nos detenemos a analizar con
cuidado lo que dice. El pasaje dice que nos vistamos, que es un verbo que
conlleva acción. Eso quiere decir que está del cristiano ponerse la armadura,
no es impuesta por Dios. Por medio del ayuno y la oración esta armadura se va
fortaleciendo. Está del cristiano pedir la armadura espiritual todos los días
en oración para poder estar firmes, ya que todos los días las tentaciones, o
los dardos del enemigo son diferentes. Somos humanos y nos cansamos, y con ese
cansancio menguamos y la armadura se debilita. Es por eso que tenemos que
pedirla todos los días, para ser renovados con el poder de Dios.
“Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los
dardos de fuego del maligno.” Es interesante notar que Pablo
describe las tentaciones como dardos de fuego. Los dardos, o flechas en la antigüedad
se prendían con fuego con un propósito. ¿Cuál era ese propósito? A continuación
una explicación del proceso por el cual se daba fuego a las flechas: En primer
lugar, se mojaba la punta de la flecha
en una sustancia inflamable. Siguiente se encendía y se lanzaba la flecha. Entonces el fuego se
extendía a lo largo de la flecha, cuando la flecha da en el blanco el mismo era
devorado por el fuego. Cuando las tentaciones penetran nuestra mente, se riegan
por todo nuestro cuerpo, infectándonos con los pensamientos que nos llevan a
caer en el pecado. Es por esto que es importante tener la armadura puesta, y
tener el escudo de la fe.
Hay que volver a Mateo 17:19-20 y
ver que el mismo Jesús dijo que por la poca fe de los discípulos no tuvieron la
autoridad para poder ordenar a la potestad fuera del joven. Aunque en el
próximo estudio estaremos discutiendo más otras armas espirituales, en este nos
estamos enfocando solo en la armadura espiritual de efesios 6.
“Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la
palabra de Dios”:
en este pasaje hay dos elementos muy importantes: el yelmo de la salvación y la
espada. Es curioso que Pablo describa el yelmo, que según la RAE es parte de la
armadura antigua que resguardaba la cabeza y el rostro, y se componía de
morrión, visera y babera, con el adjetivo de la salvación. La mente es el lugar
donde el espíritu, el alma y el cuerpo se encuentran. La mente humana, localizada dentro del
cerebro, es la voluntad propia. Es en la mente donde se encuentra el corazón
espiritual de los hombres. Proverbios
4:23 dice “Sobre toda cosa guardada,
guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.” No es casualidad entonces que Pablo describa
el yelmo como el que protege la salvación. Porque cuando nosotros pecamos,
primero decidimos pecar en nuestros pensamientos. Cuando pecamos, somos
separados de Dios, y si no pedimos perdón, o pedimos perdón y continuamos
pecando ocurre lo descrito en Mateo 12:43-45: “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando
reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando
llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo
otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer
estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá
a esta mala generación.”
¿Podemos perder la salvación? Definitivamente,
y es por eso que necesitamos defender nuestro corazón, o sea nuestra mente, con
el yelmo. 2 Corintios 10:5 dice “derribando argumentos y toda altivez que se
levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a
la obediencia a Cristo,”. Hay que llevar todos nuestros pensamientos a la
obediencia a Dios, renovando nuestra mente para no continuar en las antiguas
andanzas.
1 de Corintios 2:14-16 dice “Pero el hombre natural no percibe las cosas
que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede
entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual
juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la
mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo.”
Los que son hombres espirituales tienen que tener la mente de Cristo, por lo
contrario son hombres carnales y no pueden discernir lo que es del Espíritu.
Cuando tenemos el Yelmo de la Salvación, protegemos nuestros pensamientos de
pensamientos que no son de nosotros, ni que provienen de Dios.
¿Cómo entonces podemos renovar
nuestra mente? Con la Palabra de Dios, que es la espada de doble filo. Es
importante leer y escudriñar las escrituras, pues es la Palabra de Dios, y
Jesús lo dijo en Mateo 4:4: “Escrito
está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca
de Dios.” 2 de Timoteo 3:16-17 dice “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y
útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a
fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda
buena obra.”
Si no escudriñamos las escrituras,
no podemos adquirir el conocimiento de lo que Dios le agrada y de lo que no le
agrada. Sin ese conocimiento no podemos estar preparados para toda buena obra.





