Thursday, February 28, 2013

La #SedeVacante y la verdad del Papa


Jueves 28 de febrero de 2013
Edwin R. Jusino

Con la histórica renuncia del jefe de la institución religiosa más poderosa de la tierra, Josef Ratzinger, la primera en sobre 600 años, es bueno repasar algunos errores repetidos que aparentan ser verdad.

Analicemos el contexto del versículo de donde la falacia del linaje del apóstol Pedro comienza.

“Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.”
Mateo 16:17-19.

Lo anterior es el versículo base por el cual la Religión Romana Católica basa su linaje petrino. Lo primero que debemos que analizar es que solamente en Mateo sale la respuesta de Jesús. Sin restar méritos al testimonio del apóstol, vale notar que en el evangelio de Marcos (Marcos 8:27-30), escrito por el consiervo de Pedro, posterior a su ejecución en Roma, no se hace referencia a la cita directa que hace Mateo.

Según el historiador Eusebio de Cesarea, citando a Papias en el 140 AD, dice que Marcos era un discípulo de Pedro, que escribió lo que aprendió de Jesús directamente de la boca de Pedro. Marcos, según Eusebio, como es la tradición judaica, mantuvo fiel el testimonio de Pedro, y fue cuidadoso en no alterar nada. La figura de Marcos aparece también mencionada en otros libros de la Palabra, entre ellos, cartas escritas tanto por el Apóstol Pablo, como por Lucas en Hechos 12:12.

Inclusive, podemos apreciar la relación cercana que tenían Pedro y Marcos, ya que a donde Pedro primero acude luego de que es libertado por Dios de la cárcel es a la casa de Marcos.

Volvamos al versículo de Mateo, y analicémoslo en contexto. Es importante notar que cuando uno va a escudriñar a profundo un texto bíblico hay que tomar en cuenta las pausas puestas en el mismo. En este versículo Jesús hace una pregunta abierta a los discípulos que estaban con él, no es una conversación privada con Pedro. Pedro es el único en contestar la pregunta, y Jesús le responde lo siguiente: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia”. Nótese las 3 pausas que hay en esta oración. Jesús hace una afirmación de quien es Simón Pedro, y luego hace una referencia a quien es el Jesús, la roca.

A la vez, Jesús profetiza a Pedro que él será uno de los líderes que edificarán la iglesia primitiva. Pero para nada está afirmando la supremacía de Pedro sobre el resto de los discípulos.

En Marcos 10:35-45 Jesús resuelve el asunto sobre quién sería superior: “Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos. Él les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Ellos dijeron: Podemos. Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado.”

Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan. Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”

Como vemos, Jesús no instituyó a ningún líder supremo, y el mismo Pedro, por medio de Marcos nos lo deja saber.  Jesús no es de contradecirse, por ende, no es posible que el declare que Pedro es el líder máximo de la Iglesia, mientras que le dice a los demás, según el mismo testimonio de Pedro, que eso no es posible; ni es su potestad dar, solo Dios Padre.

¿Quién es, entonces la piedra a quien Jesús se refiere en Mateo 16? 1 de Pedro 2:4 y 6 nos dice:

“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios escogida y preciosa,”

“Por lo cual también contiene la Escritura:
    He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa;
    Y el que creyere en él, no será avergonzado.”

La piedra, o la roca, a la que Jesús hacía referencia eran a él mismo, sobre Jesús, sobre la autoridad que el Padre depositó sobre él. Las puertas del Hades, ciertamente no prevalecieron contra Jesús por que el resucitó al tercer día. En torno al resto del versículo  citado: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.” Jesús está profetizándole a Pedro que tras su resurrección, Jesús le dará la salvación a los que crean en él, o sea las llaves del reino de los cielos. Véase que hay una pausa entre esa aseveración y la próxima. Tras la salvación, todos los que creemos en Jesús tenemos la autoridad que Jesús nos delega, para en su nombre, echar fuera demonios, y que lo que sea atado o desatado aquí en la tierra sea atado o desatado en el mundo espiritual.

Entonces, destruido el mito teológico sobre la base bíblica, veamos la histórica.

Según Gálatas 2:7-10 dice: “Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles), y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer.”

En esta epístola, Pablo revela que hubo un entendimiento entre los líderes de los apóstoles que los que caminaban con Pedro, se enfocarían en los de la circuncisión, o sea, en los judíos, mientras que Pablo, y sus consiervos se enfocarían en los de la incircunsición, o sea, los gentiles. El mismo Pablo, en la epístola a los Gálatas, habla de que Pedro ejercía su ministerio en Jerusalén, no en Roma.

Según la tradición Romana Católica, Pedro y Pablo fueron los fundadores de la iglesia de Roma. Por lo mencionado, en los evangelios, ni Pedro, ni Pablo habían ido a Roma cuando se funda la iglesia.

Romanos 1: 9-12 dice: “Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones, rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros. Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados; esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí.” Aquí vemos que Pablo anhelaba ir a Roma para confirmar la iglesia. Entiéndase, que Pablo se comunicó con la iglesia en Roma, pero nunca había estado allí presente.

Según VisionJournal.es, se está cuestionando por los arqueólogos la presencia de Pedro en Roma. Según el portal: “Lamentablemente, en la década de 1950 los arqueólogos católico-romanos descubrieron una tumba en Jerusalén con un osario —una caja de huesos empleada en los entierros judíos del siglo primero— que llevaba grabado el nombre “Simón Bariona” (un nombre con el cual se conoce al apóstol Pedro en los Evangelios). Para no quedarse atrás, el Vaticano pronto produjo su propia evidencia arqueológica de que la tumba y los restos de Pedro fueron sepultados debajo del altar mayor en la Basílica de San Pedro en Roma. El corazón de su argumento es un sarcófago descubierto en la primera mitad del siglo pasado, que las autoridades comenzaron a examinar más de cerca en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.”

Citando nuevamente a Vision Journal, no hay prueba bíblica que Pedro haya tan siquiera estado en Roma, previo al año 64 AD.

“El relato del Nuevo Testamento parece indicar que hubiera sido bastante posible que Pedro escribiera su epístola (1 de Pedro) desde la misma ciudad o provincia de Babilonia. Su ministerio era con los judíos y, como señalan los escritos de los siglos siguientes, Babilonia era un centro de judaísmo desde antes y hasta mucho tiempo después de Pedro.

Ciertamente, ésa sería una solución más adecuada para establecer su paradero que la alternativa: que Pablo se negó a dirigirse a él en su epístola para la iglesia en Roma y que Lucas omitió señalar la presencia de Pedro en esa ciudad cuando él y Pablo arribaron allí como resultado de la apelación de Pablo al César (Hechos 28), aparentemente ocurrida alrededor del año 60 d.C. La evidencia dentro de la epístola a los Romanos, escrita alrededor del año 57 d.C., establece que Pablo no tenía conocimiento de que ningún apóstol, mucho menos Pedro, le hubiera precedido en Roma. Como señala Waldensians, el silencio del Nuevo Testamento en este tema es ensordecedor.”

Finalmente, Peter Nathan, columnista que recopila los datos históricos sobre Pedro para Vision Journal dice: “En cuanto a Pedro, no sabemos nada de su muerte a partir de ninguna fuente del siglo I aparte del último capítulo del cuarto Evangelio. En Juan 21:18 se le describe sólo como siendo guiado hacia donde él no deseaba ir. La tradición no verificada de su crucifixión de cabeza data de finales del siglo II, casi 150 años después de su muerte.”

Podemos entonces asumir que el mito de la crucifixión de Pedro es simplemente eso, un mito. El autor especula que la insistencia de querer validar la presencia de Pedro en Roma es por la tradición de las religiones paganas de tener presencia en la capital del Imperio Romano.

Sabemos que Pedro estuvo en Corinto, y en Jerusalén, ciudades donde había una considerable diáspora de judíos. Lo que se puede entender, ya que el ministerio de Pedro (Cefas) era hacia los judíos.

Cierro esta columna citando a Nathan: “La historia sugiere que el conocimiento de los lugares de sepultura de los apóstoles murió con sus contemporáneos del siglo primero. Los ejemplos de los apóstoles eran apreciados y honrados, pero a esos hombres no se les colocaba en pedestales para ser reverenciados, como en las generaciones posteriores. Los escritos del siglo II describen una serie de creencias y prácticas muy distintas entre quienes afirmaban seguir a Jesucristo de lo que encontramos en los escritos del siglo primero.”

Si algo Dios detesta es la idolatría. Algo que los Apóstoles fueron muy cuidadosos en enfatizar. El culto petrino es solo un mito, creado para reforzar las aspiraciones del patriarcado de Roma, sobre el resto de los patriarcados en Alejandría, Constantinopla, Jerusalén, y Antioquía. La realidad es que más reclamo tenían Jerusalén y Antioquía, dos ciudades donde Pedro si ejerció liderato, que la que tenía Roma. Pero para el momento en que surgen estos patriarcados, a mediados del siglo I, ya los apóstoles y la primera generación de cristianos de la Iglesia Primitiva habían fallecido.

1 comment:

Prometeo said...

Lamentáblemente el mito de Pedro como el primer Papa se sotiene por gente que no escudriñas las escrituras. Una de las cosas que más enfatizo cuando predico es que la gente lea la Biblia y estudien para que no se dejen llevar por errores doctrinales y falsas enseñanzas.

ADelante y éxito.