Thursday, February 14, 2013

Armas Espirituales: Como ejercer la autoridad en el mundo espiritual


Martes 12 de febrero de 2013
Jueves 14 de febrero de 2013
Edwin R. Jusino

“He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.”
Lucas 10:19-20

Muchos cristianos hoy en día se preguntan por qué no hay milagros y prodigios entre la iglesia como los que había en el tiempo de la iglesia primitiva.  Además de la rampante incredulidad que impera en la iglesia y vida cristiana individual (ver estudio sobre la incredulidad) también muchas denominaciones y cristianos individuales no saben ejercer la autoridad que se les ha sido delegada.

Primero, ¿Qué significa la palabra autoridad? Según la Real Academia Española, la palabra autoridad significa poder que gobierna o ejerce el mando, de hecho o de derecho; potestad, facultad, legitimidad. Es decir, la autoridad que Jesús delegó a sus discípulos es el poder de Dios. En el griego, que es la lengua usada por los escritores del nuevo testamento, la palabra para autoridad es exousia, que proviene del verbo exestin, que cuyo significado es ser capaz de hacer algo y el derecho de hacer algo.

La palabra autoridad, en términos bíblicos, habla del derecho legal que se nos ha dado a través del nombre de Jesús. Sin autoridad, ningún cristiano puede reprender a un demonio, ni ordenarle a una enfermedad que salga del cuerpo de una persona; la autoridad delegada se basa en la relación íntima que podamos tener con Jesús. La autoridad que Jesús delegó a nosotros, la iglesia, es la misma que el ejerce.

Mateo 16:19 dice “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.” En este pasaje vemos dos conceptos muy importantes. El primero es que la autoridad de Jesús fue delegada a sus discípulos, El segundo es el entrelazamiento del mundo espiritual con el mundo físico. Es decir, lo que nos afecta en el mundo espiritual, igualmente nos afecta en el físico. Cada acto que hacemos tiene sus consecuencias tanto en lo físico como en lo espiritual. Es por eso, que lo que declaramos en fe, bajo la autoridad del nombre de Jesús es una realidad en el mundo espiritual, y en el mundo físico.

Es por esto que cuando vamos a reprender un espíritu inmundo con tan solo decir: espíritu inmundo, es en el nombre de Jesús que yo te ato y te hecho fuera, los demonios tienen que salir.  Vemos en Lucas 10:17 (“Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.”) que los discípulos que Jesús encomendó a salir le contaron al Maestro que aun los demonios se sujetaban en su nombre. O sea, los discípulos dieron testimonio de que en el nombre de Jesús se ejercía la autoridad delegada a ellos.

¿Tienen los demonios derecho legal o autoridad para poder posesionarse de las vidas? Si, tal y como vemos en Lucas 8:27: “Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros.”

Los espíritus inmundos tienen la autoridad que se les delega, por parte de Dios o por parte de los hombres.

Veamos lo que dice Colosenses 2: 13-15: “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,  y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.”

En este pasaje de la epístola del apóstol Pablo a los Colosenses, vemos que Pablo describe una transacción legal que ocurrió en la cruz, “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros”.  Más adelante en el mismo texto citado habla de una acción de Jesús en la cruz “despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente,”. ¿Despojándolos de qué? De la autoridad que los demonios ejercen sobre las vidas. Los espíritus inmundos tienen la autoridad que los seres humanos les delegaron cuando Adam y Eva pecaron. Pero cuando venimos a Jesucristo, esta autoridad es restaurada en nosotros.

Veamos otro ejemplo de la autoridad que tienen los demonios sobre aquellos que no tienen la autoridad de Jesucristo. Hechos 19:13-16 dice:

“Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto.  Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.”

Como hemos dicho los que han aceptado a Jesucristo como su salvador no pueden ser posesionados por demonios pero si pueden ser zarandeados. La palabra zarandear significa agarrar a alguien por los hombros o los brazos moviéndolo con violencia. Entiéndase, que aunque los demonios no puedan poseer su voluntad, si puedan afligirle físicamente, y espiritualmente. Por eso la importancia de la Armadura del Espíritu en nuestras vidas.  Vemos que Dios permite a Satanás zarandear a los creyentes en los siguientes pasajes.

Job 1:8-12: “Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová.”

En el pasaje de Job, vemos como Dios le da el permiso legal a Satanás de probar a Job. Dios le dio la autoridad a Satanás de afligir a Job, pero sin ocasionarle la muerte; más adelante Dios le permitió a Satanás tocar el cuerpo de Job y afligirle directamente sin quitarle la vida (Job 2:4-6: “Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida.  Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia.  Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida.”

También en 1 de Pedro 1: 6-7 dice “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”.

Entonces, hermanos, no creamos que los demonios no tienen autoridad delega para pedirle a Dios que les permita zarandear su vida. Es por esto que es importante caminar en santidad. Cada pecado que cometemos abre puertas a nuestra vida, que les da derecho legal a los demonios zarandearnos. Cuando pecamos, perdemos la autoridad de Dios, hasta que nos arrepentimos y Dios, por medio de la sangre de Jesús, nos limpia y nos restaura.

Algo para tener en consideración es que la autoridad se ejerce con la palabra hablada. Regresemos a Hechos 19: 13-16 ya antes citado. Podemos observar que la manera en que estos hombres interactúan en el mundo espiritual, para intentar de ejercer la autoridad que no tenían, fue por la palabra hablada. También vemos como Pedro ejerció la autoridad delegada por Dios, usando la palabra hablada en Hechos 9:34: “Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó.”  Como podemos observar, los hombres de Hechos 19 estaban imitando a los apóstoles, sin tener la autoridad. La autoridad se ejerce en la oración, principalmente, vía la palabra hablada. Los demonios no pueden leer mentes, pues solamente Dios escudriña los corazones de los hombres. Pero los espíritus inmundos si pueden escuchar lo que decimos, tal y como está evidenciado en Hechos 19.

También la manera en que Jesús ponía en operación la autoridad, es decir el poder de Dios, en acción fue por la palabra hablada. La autoridad se ejerce hablando y ordenando. Y no solo en guerra espiritual, sino que también a la hora de orar.

Juan 14:13: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.”

Para ejercer autoridad hay que tener fe de que es Dios quien lo hace. Hebreos 11:1 dice: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”

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