Sunday, October 7, 2012

Sin Dios no hay amor: Entendiendo a Dios a través del matrimonio

Edwin R. Jusino
Domingo 7 de octubre de 2012


“Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.”
Apocalipsis 19:9

Cuan equivocados hemos estado los hombres. Hemos tomado el matrimonio como un simple papel legal, cuando significa tanto para Dios. Definitivamente no existe el amor en los hombres, tanto mujer como varón, sin que Dios habite en sus corazones. Todavía no hemos entendido lo que significa amar, y por eso no entendemos a Dios. ¿Cuántas veces hemos sufrido por un amor? Hoy en día simplemente nos rendimos, lo vemos como una meta imposible. 

1 de Corintios 13:4-8 (Versión Reina Valera Contemporánea) dice: “El amor es paciente y bondadoso; no es envidioso ni jactancioso, no se envanece; no hace nada impropio; no es egoísta ni se irrita; no es rencoroso; no se alegra de la injusticia, sino que se une a la alegría de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás dejará de existir…” Señoras y Señores, esta es la perfecta descripción de lo que es el amor. Todo es vano, sino hay amor. 

Para estar más claro, el amor no es un sentimiento que hoy si y mañana no. Entender el amor de esa manera es andar en aguas tibias, y en Apocalipsis 3:15-16 dice “Yo sé todo lo que haces, y sé que no eres frío ni caliente. ¡Cómo quisiera que fueras frío o caliente! Pero como eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.”

¿Cuántas veces hemos negado a Jesús con nuestras acciones? ¿Cuántas veces el nos ha perdonado y nos ha exhortado a buscarle en amor? Y teniendo todo eso en cuenta ¿Cuántas veces le hemos rechazado, negándole con nuestras acciones? De la misma forma que tratamos a Dios, es la misma forma que trataremos a todos los que nos rodean, por que El es la fuente de amor. Sin Dios no hay amor, y todo lo que podamos hacer o no hacer es en vano.

Cuando una pareja viene delante de Dios hacer un pacto matrimonial, es mucho más importante y serio que un pedazo de papel legal. El juramento de estar en las buenas y en las malas es uno que durante un matrimonio será probado. Pero, y ya esto es mi propia opinión, que cuando amamos estamos en las buenas y en las malas aún cuando somos rechazados por aquellos a quienes amamos, sean familiares, amistades o cónyuges.


¿Cuán importante es el matrimonio para Dios? Sabía usted que por tradición rabínica judaica cuando un novio le ofrecía a su novia una copa de vino, los mismos estaban casados. En ese mismo momento, el novio se iba por un periodo de tiempo a prepararle un hogar a la novia, y cuando estuviera preparada, regresaba a buscarla. Por eso Jesús tuvo que irse, para prepararle morada a su amada iglesia, y por eso Jesús regresará.

En Mateo 26:26-29 dice: “Mientras comían, Jesús tomó el pan y lo bendijo; luego lo partió y se lo dio a sus discípulos, y les dijo: «Tomen, coman; esto es mi cuerpo.» Después tomó la copa, y luego de dar gracias, la entregó a sus discípulos y les dijo: «Beban de ella todos, porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos, para perdón de los pecados. Yo les digo que, desde ahora, no volveré a beber de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre.»”


En este momento, los discípulos literalmente se casaron con Jesús, hicieron un pacto matrimonial con Dios, jurando serle fiel en los tiempos buenos como en los malos. Cuando cada uno de nosotros acepta a Jesús como su salvador te estás casando con Dios. 

El matrimonio es el símbolo de la unión entre Dios y la Iglesia. Por eso, cuando un esposo se casa con su esposa, no es para humillarla, ni tratarla como una pertenencia, sino como carne de su carne. Después de todo en Génesis 2:24: “Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán un solo ser.” ¿Maltratarías a tu propia carne de la manera en que tratas a tu esposa? Definitivamente se ha perpetuado por demasiado tiempo la visión ateniense machista del matrimonio. Hemos malinterpretado a Pablo, por conveniencia y vagancia.

Cada vez que pecamos estamos siendo infieles a Dios. Cada vez que desobedecemos somos infieles a Dios, pero él en su amor nos cobija, nos perdona, nos limpia, y nos recibe. Porque, aún cuando fuimos pecadores, Jesús nos amo primero.

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