Sunday, June 10, 2012

Consecuencias de rechazar la edificación del Templo de Dios


Domingo 10 de junio de 2012
Edwin R. Jusino

“¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta? Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.”
Hageo 1: 4-7

“Hay muchos que dicen ser, y no son. Son como sepulcros blanqueados” dice el Señor, tal y como dice en su palabra en Mateo 23:27: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.”  Dios está demandando de su pueblo obediencia genuina, no religiosidad.

“¿Quién eres tú? ¿Eres una pieza genuina o eres de los que dicen ser y no son? ¡Meditad sobre vuestro camino! ¿Estás caminando en mi camino de Santidad, o estás entrando por la puerta ancha del camino al infierno? ¡Yo soy quien soy, soy el mismo ayer, hoy y siempre!” dice el Señor.

Hermanos, algunos no entenderán lo que estoy escribiendo, pero me es necesario escribirlo. Previamente escribí sobre la edificación del Templo de Dios, y sus diferentes partes. Hoy el Espíritu me mueve a escribir sobre las consecuencias de rechazar la edificación del Templo. Es tiempo de que el cuerpo de Cristo, entiéndase, la Iglesia, se comience a edificar por el poder del Espíritu Santo. Si usted en su caminar, está viendo a Dios como una fantasía, o peor aún, es como Job que dijo “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven (Job 42:5)” le exhorto a que comience a realmente edificar el templo de Dios.

En el pasado estudio explique que cada uno de nosotros somos templos vivientes, y que es dentro de nosotros, donde el Espíritu Santo hace morada, a medida que le abrimos la puerta a nuestro Santísimo lugar, que es atravesando el Camino de Santidad.

Cuando nosotros rechazamos encaminarnos por el Camino de Santidad, entonces estamos rechazando a Jesús que como dice en Juan 14:6 “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Cuando esto ocurre, y no permitimos la entrada de Jesús como Señor de nuestras vidas, estamos expuestos al juicio que escogemos. Entiéndase que Dios no obliga a los seres humanos a escoger abrir la puerta pues como dice en Apocalipsis 3:20: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

¿Cómo entonces detenemos la edificación del templo?  Hageo 1:4 dice: “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?”

Muchos cristianos hoy en día están cómodos en sus “casas artesonadas”, pero se olvidan de Dios. Dios no es su prioridad, y por eso están desolados, por que el Espíritu Santos no puede estar donde hay tinieblas. Los cristianos que viven en casas artesonadas y que se olvidan de Dios solo buscan de Dios cuando están en necesidad. Meditemos en lo que dice Hageo 1:6: “Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.”

Así mismo son los cristianos que dicen ser y no son: Siembran mucho, pero recogen poco; comen y no se sacian, beben y no están satisfechos. Viven de apariencias, pues, aunque viven en casas artesonadas, su templo está desolado. Estos religiosos no tienen a Jesús como Señor en sus vidas pues Juan 6:35 dice: “Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.”

Mateo 7:16 dice: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?” Los cristianos que tienen a Jesús en su corazón dan los frutos del Espíritu, más los que no, dan los frutos de la carne (Gálatas 5:16-22). ¿Qué fruto estás dando tú?

¿Conoces genuinamente a Jesús o solo lo conoces de oídas? Por mucho tiempo yo fui como los fariseos y los escribas, como un sepulcro blanqueado. De oídas había escuchado sobre Jesús, pero no estaba dispuesto a coger mi cruz. No estaba dispuesto a morir a mi yo, a mi voluntad, tal y como dice Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”

¿Qué está impidiendo que entres hacer la voluntad de Dios, pueblo?

Hageo 1:9-11 dice: “Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo. ¿Por qué? dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa. Por eso se detuvo de los cielos sobre vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos. Y llamé la sequía sobre esta tierra, y sobre los montes, sobre el trigo, sobre el vino, sobre el aceite, sobre todo lo que la tierra produce, sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre todo trabajo de manos.”

Cuando no edificamos nuestro templo, y dejamos la casa de Dios desolada, las bendiciones de Dios dejan de fluir (se detiene la lluvia), y dejamos de dar los frutos de Dios. La luz que habita dentro de nuestro lugar Santo deja de brillar y empieza a secarse la vida y a llenarse de tinieblas. El favor de Dios se quita de nuestra vida, y de nuestro hogar, y hasta de nuestra nación.

Quiero, pueblo, que entienda que esto aplica tanto a nivel micro, o sea personal, como al nivel macro, sea ya congregación, denominación, y hasta nacional. La iglesia es el cuerpo de Cristo, y cuando dejamos de edificar el templo, cuando sacamos a Jesús del templo, ponemos a otros dioses, y empezamos a alimentarnos de doctrinas falsas, entonces lo que dice en Hageo 1:9-11 ocurre en cada unidad. Y cuando el favor de Dios es removido, entonces los juicios de Dios comienzan a llegar a nuestras vidas, para que nos arrepintamos y nos embarquemos nuevamente en el Camino de Santidad.

¿Somos sepulcros blanqueados? ¿Seremos como la iglesia de Laodicea, que ni frío ni caliente? Pueblo, Dios llama a que busquen intimidad con él, como dice en Mateo 7:7 “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.” Los que busquen de Dios genuinamente, lo hallarán. 

1 comment:

Noemi said...

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