Saturday, May 26, 2012

Llamados a edificar el templo de Dios




“Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: Este pueblo dice: No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada”.

Hageo 1:2 (RV1960)

Dios llama a todos a edificar su templo. Pero ¿Cuál templo? ¿Un templo físico o un templo espiritual?  Por mucho tiempo Jehová ha llamado a la iglesia a construirle templo, pero muchos no han entendido el llamado. Cada día hay más y más cristianos religiosos que dicen ser y no son, por que su vida no da testimonio de Jesús, porque no han edificado templo para el Espíritu Santo.

Antes de continuar ¿Qué significa la palabra templo? Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra templo significa edificio o lugar destinado pública y exclusivamente a un culto. La palabra hebrea para templo es Beit Hamikdash que traducido significa la “la casa santa”.  También, la palabra hebrea para Tabernáculo, mishkan, significa casa de Dios.

Entonces, somos llamados a edificar una casa de Dios, pero ¿es una casa de Dios física o una espiritual? El templo que Dios desea que se edifique es primordialmente uno espiritual. Aunque, si hay que aclarar que el tercer templo será edificado en Jerusalén durante la Gran Tribulación, los cristianos estamos llamados a ser un templo viviente.


1 de Corintios 3:16-17 dice: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”. Según lo que leemos en este versículo, Dios le revela a Pablo que somos templos para él. Entonces ¿Dónde debemos edificar el templo? El templo que Dios quiere que cada cristiano edifique es en el corazón.

Ahora, para edificar un templo, tenemos que saber cómo lo vamos a edificar. Dios, es un dios de orden, y siempre da instrucciones claras y especificas de cómo, cuándo, y donde se hacen las edificaciones. Tres ejemplos de esto son el Arca de Noé, el Tabernáculo, y el Primer Templo. El tabernáculo fue el modelo para la construcción del templo.

Dentro del tabernáculo había unos objetos que vamos a discutir.

El primero de estos objetos lo era el Altar de Bronce (Éxodo 27), que se encontraba en el atrio. En el Altar de Bronce era donde se hacían los sacrificios de sangre para la expiación de los pecados.  Levítico 17:11 dice “porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.” Según leemos, la única manera de limpiar nuestras vidas del pecado es con el derramamiento de sangre. Los sacrificios de animales eran usados de esta forma, como símbolo del sacrificio que haría Jesús en la cruz.

Es entonces el Altar de Bronce un símbolo de Jesús. Dentro de nuestro templo tenemos que tener este Altar de Bronce, que lo colocamos al momento de aceptar a Jesús como nuestro salvador. Pero, recuerde, que este Altar de Bronce está en el atrio, o sea a la entrada del templo.

Como cristianos no podemos solamente dejar a Jesús en el atrio, pues en Apocalipsis 3:20 dice “he aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” ¿Estamos abriéndole la puerta de nuestro templo a Jesús o lo estamos dejando en el atrio?

En el atrio también se encontraba una fuente de bronce (Éxodo 30: 17-21), situada entre el Altar de Bronce y el Tabernáculo. Esta fuente era usada por los sacerdotes para lavarse sus cuerpos antes de entrar al Tabernáculo. Cuando un sacerdote iba a entrar al templo tenía que estar puro.  Esta fuente es representativa del Espíritu Santo, que nos santifica, limpia de los pecados y errores que cometemos, y nos permite entrar a la presencia de Dios. Es también un símbolo del Camino de Santidad (Isaías 35:8) que cada cristiano está llamado a caminar.  Fíjese, que habla de Camino con letra mayúscula, y no hace referencia al camino con letra minúscula. El Camino de Santidad es Jesucristo mismo, quien nos lleva en dirección del Padre, quien nos enseña cómo debemos caminar. Juan 14:6 dice “Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”Hebreos 12:14 dice “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”  La fuente de bronce es puesta en el momento que aceptamos a Jesús como nuestro Salvador y nos embarcamos en el Camino de Santidad.

Fíjese, que todavía no hemos entrado a la edificación del templo, que como ya mencionamos está en el corazón.  ¿Estamos dejando a Jesús en el atrio o estamos dejando que él entre a nuestro templo? Jesús es un caballero, y el no va a forzar a nadie a permitirle entrar de lleno en su corazón. Si nos limitamos con dejar a Jesús en el atrio, estamos cerrando la puerta a nuestro crecimiento espiritual.

En el Lugar Santo, que es el lugar antes del Lugar Santísimo y donde se entraba tras pasar el atrio, se encontraba el Menorá o candelabro de siete brazos (Éxodo 25:31-40),  la mesa de los panes de la proposición (Éxodo25:23-30)   y el Altar de Oro (Éxodo 30: 1-10).

 El Menorá, que era una lámpara de siete brazos de aceite, que tiene varios símbolos. El primero es el más sencillo, es una representación de Jesús, que es la luz del mundo tal y como dice Juan 8:12: “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” Mientras Jesús está en el atrio, nuestro corazón está en tinieblas. Mientras Jesús esté en el atrio, no hemos edificado el templo, pues solamente hemos sido superficiales; no hemos permitido que Jesús sea nuestro Señor. Lo aceptamos como nuestro Salvador pero no le hemos dado su lugar de Señor.

Cuando permitimos que Jesús entre a nuestros corazones, entonces su luz llena nuestros corazones y empezamos a brillar como parte del cuerpo de Dios. Mateo 5:14-15 dice “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.”

El Menorá se pone en nuestro templo cuando decidimos abrirle la puerta a Jesús a nuestro corazón y darle el Señorío del mismo. O sea, cuando decidimos pasar por la Fuente de Bronce y coger el Camino de la Santidad para ser imitadores de Cristo. Cuando tomamos ese camino, entonces Jesús entra a nuestro corazón y empezamos a brillar, dejamos de estar en tinieblas; comienza la muerte al yo. 

El Menorá también contiene otro símbolo importante, relacionado con lo que ya mencionamos de la luz. El Menorá tenía 9 diseños de flores incrustadas en su diseño. Estas 9 flores representaban los 9 frutos del Espíritu. Gálatas 5: 22-23 dice “mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.”  Esto es por que cuando Jesús empieza a ser Señor de nuestras vidas, y empezamos a caminar en Santidad, empezamos a florecer. Estos frutos nos embellecen y empiezan a contribuir al brillo que emanamos con la luz.

Los doce panes de la proposición tienen varios símbolos, pero principalmente quiero hacer hincapié en dos. El pan de la proposición era comido solamente por los sacerdotes. Jesús dijo en  Juan 6:35: “Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” Entiéndase, que los panes son símbolo de Jesús, y que nosotros, como sacerdotes tenemos que comer el pan de vida. En Mateo 26:26 dice “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.”

Los panes los ponemos en nuestro corazón cuando tomamos la Santa Cena y cuando digerimos su palabra. Cuando empezamos a leer y escudriñar la Biblia, y le permitimos al Espíritu Santo enseñarnos, entonces, estamos digiriendo el pan de vida. En Mateo 4:4 dice “el respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

El Altar de Oro, que estaba frente al velo que dividía el Santo Lugar del Santísimo Lugar, era donde se ofrecía incienso para Dios. Este altar representa dos cosas: la adoración y la oración.

El incienso representa las oraciones que cada uno hacemos ante Dios. Apocalipsis 8:3-4 dice “otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.”

¿Qué es incienso? Es una preparación de resinas aromáticas vegetales, a las que a menudo se añaden aceites esenciales de origen animal o vegetal, de forma que al arder desprenda un humo fragante con fines religiosos, terapéuticos o estéticos.

El incienso que se quemaba frente al Santísimo tenía, como ya vimos en Apocalipsis, el fin de levantar las oraciones de los santos. También vemos esto en el Salmo 141:2: “Suba mi oración delante de ti como el incienso,  El don de mis manos como la ofrenda de la tarde.”

El incienso también es representación de adoración. Los magos que visitaron a Jesús en su nacimiento regalaron, entre otras cosas, incienso: Mateo 2: 11: “Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.”

Los cristianos estamos llamados a orar en todo momento (1 de Tesalonicenses 5:17), y de adorar a Dios en todo tiempo como dice en Salmos 34: “Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca.” Cuando Jesús entra a nuestro Santo Lugar, y empezamos a brillar, empezamos a adorar a Dios de una manera que nuestra adoración es como un perfume agradable para él. Porque, al dejar de estar en pecado, y estar caminando en santidad, agradamos a Dios. Esto nos convierte en sacrificios vivos para Dios.

Romanos 12: 1 dice “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”

Cuando caminamos imitando a Jesús, y damos un buen testimonio, estamos adorando a Dios. Cuando nos separamos para Dios, y vivimos en santidad, presentando nuestro cuerpo como sacrifico vivo, estamos adorando a Dios. La adoración va mucho más de unos cánticos y música en el culto.

Pero ¿estamos dejando a Jesús solamente en el Santo Lugar, o estamos dispuestos a dejarlo entrar al Santísimo? En el Santísimo se encuentra el Arca del Pacto, que entre diferentes cosas, se encontraban las tablas de la ley. Cuando permitimos que Jesús entre al Santísimo, o sea, lo más profundo de nuestro corazón, estamos entrando en un pacto con Dios. El Arca del Pacto es el símbolo del pacto de Dios con cada cristiano, más allá de los diferentes pactos que Dios llama a cada persona hacer en su debido momento.

Jeremías 31:33 dice “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.”

La ley de Dios está escrita en nuestro corazón cuando permitimos que Jesús, que es nuestro sumo sacerdote, entre al Santísimo lugar. Es en el Santísimo donde nosotros entonces tenemos comunión con Dios Padre. Pero, solamente podemos llegar a esta comunión cuando Jesús es nuestro Salvador y Señor.

Juan 14: 6 dice “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.”

En resumen de esta primera parte:

1.       Cuando venimos a los pies de la cruz, Jesús está en el atrio de nuestro templo tocando a nuestra puerta.
2.       Cuando nos encaminamos por el Camino de Santidad, abrimos la puerta a Jesús al Santo Lugar y a que el Espíritu Santo entre a nuestra vida a limpiarnos y purificarnos. Es aquí donde la luz de Jesús empieza a brillar y nuestra vida empieza a dar los Frutos del Espíritu. Empezamos a convertirnos en sacrificios vivos, adorando a Dios en todo momento.
3.       Cuando ya somos sacrificios vivos, entonces Jesús nos presenta al Padre en el Santísimo lugar, donde tenemos la ley escrita en nuestro corazón y entramos en comunión con Dios Padre.

Cuando tenemos esa comunión con Dios, entonces la Shekinah de Dios habita dentro de nuestro templo. La palabra hebrea Shekinah significa habitar, posarse, o morar. Era llamada así la nube de Dios que moraba en el Tabernáculo. Cuando nuestro caminar es en santidad, y hemos permitido que Jesús entre a nuestro Santísimo como sumo sacerdote, y Señor de nuestras vidas, el Espíritu Santo de Dios habita dentro de nosotros. A medida de que nos vallamos acercando más a Dios, el Espíritu Santo comienza sanarnos, darnos alerta, y revelarnos la voluntad de Dios. Tal y como dice 1 de Corintios 3:16, la Shekinah de Dios empieza a morar en nosotros.

¿Qué pasa cuando pecamos contra Dios? Entonces estamos ensuciando la casa del Espíritu Santo.  2 Corintios 6:14 dice “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”Cuando dejamos la santidad por los anhelos de la carne, estamos teniendo comunión con las tinieblas, o sea, pecamos. Cuando pecamos, el Espíritu Santo no puede estar dentro de nosotros, porque donde Dios mora no hay tinieblas.

¿Cuáles son, entonces los frutos de la carne que nos apartan del Camino de Santidad? Gálatas 5:19-21 dice “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”

¿Estamos edificando templo a Jehová, a usted mismo o a Satanás?

Hageo 1:3-10 dice: “Entonces vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: ¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta? Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos. Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová. Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo. ¿Por qué? dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa. Por eso se detuvo de los cielos sobre vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos.”

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