Thursday, February 9, 2012

Cuando Dios escoge


Jueves 9 de febrero de 2012
Edwin R. Jusino

(En los años que estuve en la escuela intermedia se me fue dada una versión del cuento que redactaré a continuación. Desafortunadamente no me acuerdo todos los detalles pero al esto ser una obra creativa añadiré algunos elementos propios.)

Adam llegó a las puertas de la iglesia, suspiró cerrando los ojos. En sus manos tenía una biblia; su rostro se veía agobiado, cansado, y entristecido. Caminó poco a poco hacia el altar, era el primero en llegar al servicio de la noche. Al llegar delante del altar, se arrodilló, y dio un gran gemido.

Hacía más de 3 años que se había apartado de los caminos del servicio a Dios. Había dejado su llamado por perseguir el anhelo de su corazón, que no iba acorde con la voluntad perfecta del Señor.

-“Perdóname Señor…”- suspiró Adam.
-“Yo no quería que escogieras el camino que escogiste”- le contestó una voz suave y tierna al oído, -“yo siempre he querido lo mejor para ti”.

Adam permaneció en silencio, sabía que era Jesús quien le hablaba.

-“Yo te ofrecí lo mejor de lo mejor, pero tu deseaste ir tras lo que tus ojos codiciaron; así fuiste juzgado. Pero yo te amo, mi niño, y eh visto el arrepentimiento genuino en tu corazón. Por eso te eh traído hasta aquí, para sanarte.”

Las lágrimas comenzaron a caer más rápido por las mejillas de Adam. El llanto de dolor y arrepentimiento caía como un rio embravecido tras fuertes lluvias, creando lagos de lágrimas en el piso. Adam solo susurraba “perdóname Señor”.

Tras un fuerte grito de dolor, Adam comenzó a sentir una corriente que era como un manto que lo arropaba. Su corazón comenzaba abrirse, a sentir amor, misericordia y paz entrar; sentía como si aguas cristalinas de un río hubiesen chocado con su corazón y lo hubiese limpiado de todo el fango y dolor que contenía el mismo.

Mientras Adam estaba orando en el altar, entró Eligia, una joven de la iglesia. Se arrodilló en el altar, contrario a donde se encontraba Adam.

-“Mira hacia tu lado Adam, y observa de lejos la bendición que tenía para ti”- susurró Jesús al oído de Adam, “pero tú no dispusiste hacer mi voluntad.”

Eligia se paró, caminó hacia la puerta y abrazó a su esposo, que acababa de llegar de un viaje misionero.

1 comment:

My Honey Bunnie said...

Brutal...

Cuando dejamos de hacer la voluntad de Dios..perdemos por cabezones las grandes bendiciones que el tiene para uno.