Saturday, December 17, 2011

Sobre el matrimonio y otros asuntos


Sábado 17 de diciembre de 2011

“Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona,[a] porque del varón[b] fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”.
Génesis 2:22-24

En los días en los que nos ha tocado vivir, en una sociedad como la de Sodoma y Gomorra  (Génesis 13: “Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera”), se nos olvida que es el matrimonio y lo que conlleva. El matrimonio es un pacto, ante Dios, entre un hombre y una mujer, donde ambos se convierten en una sola carne.

Según la Real Academia Española la palabra matrimonio significa: Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales. De primera instancias el mismo diccionario define el matrimonio como un acto entre un hombre y una mujer.  Mencioné que el matrimonio, para Dios, es un pacto. ¿Qué es un pacto? Un pacto es un acuerdo entre dos o más personas o grupos que obliga a cumplir una serie de condiciones.

En otras palabras, el matrimonio es un pacto, entre un hombre, una mujer y Dios. En el versículo principal vimos que un hombre, cuando se casa y entra en pacto con una varona o mujer, deja a sus padres y se hace una sola carne con ella. El pacto matrimonial es una unión más allá de una promesa, o un papel escrito. Es una unión de espíritu, y cuerpo. Como he mencionado en anteriores estudios y escritos, cuando tenemos relaciones sexuales, uno se hace uno en carne y espíritu con la mujer u hombre en el que se esté haciendo el acto.

¿Qué pasa cuando se comete adulterio? Romanos 7:3: “Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera”. El ejemplo que usa Pablo es entorno a una infidelidad de mujer, pero lo mismo ocurre si el hombre (que es quien en la mayoría de los casos es infiel) es infiel y comete adulterio.

La razón por la cual Dios es tan meticuloso con la pureza en las relaciones sexuales es por precisamente el concepto de que, al tener relaciones, ocurre una unión más allá de la física. ¿Se puede imaginar usted teniendo relaciones sexuales con 3 o 4 personas que su pareja haya tenido, más todas sus anteriores parejas? Por eso la importancia de la pureza sexual previo al matrimonio. El mundo espiritual, que es más real y poderoso que el físico, trabaja en leyes absolutas, aunque el mundo físico no.

Es por lo mencionado anteriormente que Jesús en el Sermón en la Montaña (Mateo 5:31-32) dijo: “También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio.  Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio”. La única razón por la cual una persona cristiana, legítimamente ante los ojos de Dios, pudiera divorciarse, es si cometen adulterio. Dios siempre ha sido, tanto en las experiencias que he tenido con él, y por lo que he aprendido en la biblia, bien meticuloso en torno a la pureza sexual.

Incluso, si leemos Mateo 5:27-30: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno”. Veamos lo específico que es el Señor que inclusive, si codiciamos la mujer o el hombre ajeno estamos adulterando en nuestro espíritu.

Observamos pues lo que dice Pablo en 1 de Corintios 7. En el versículo 2 Pablo establece que un matrimonio es solo entre un hombre y una mujer, esto a pesar de que en el pasado los patriarcas y los reyes de Israel practicasen la poligamia. ¿Pero es eso cierto? El único que practico poligamia de los patriarcas por decisión propia lo fue Jacob, por su obstinación con Raquel. Terminó siendo un zendo dolor de cabeza para Israel, e inclusive, Raquel ni siquiera se le honra con un funeral digno de esposa. Abraham tomó a Hagar, y observemos las repercusiones de sus acciones: árabes y judíos peleándose por la tierra prometida. Isaac, solo tuvo una mujer, Adán solo una mujer, y así sucesivamente.

En cuanto a los reyes de Israel, ¿no fueron las mujeres extrañas y paganas con las que se casó Salomón las que causaron que él se apartare de los senderos de Jehová y se dividiese el reino? ¿No tuvo que pagar David por el pecado de adulterio? Dios estipuló en el huerto de Edén un hombre para una mujer.

Veamos los versículos 3-4: “El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido.  La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer”.  Aquí podemos observar que Pablo, al igual que nuestro Señor Jesucristo, eleva a la mujer en igualdad de condiciones que al hombre.  Inclusive, estipula que cuando estamos casados, nosotros ya no nos pertenecemos. Pertenecemos al cónyuge, debido al pacto que hacemos con la pareja delante de Dios.

¿Qué pasa si está casado con un conyugue no creyente? Los versículos del 12-16 dice: “Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone.  Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone.  Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.  Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?” Punto importante en este versículo es que Pablo, nuevamente, vuelve a igualar a la mujer al hombre.

De una vez, veamos 2 Corintios 6:14: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” Para nada piense que usted se debe casar con un no creyente. Debe siempre buscar la ayuda idónea, y esa persona debe querer, ante todo, servirle a Dios. Si usted puede evitarse dolores de cabeza, ¿Por qué obstinarse por una persona que no tiene a Jesucristo como su Señor y Salvador por delante? ¿De qué le vale a usted una persona que no se deja moldear y transformar por Dios? Mujer, ¿realmente quieres una cabeza que no tenga el corazón de un siervo de Dios? Hombre, ¿de qué te vale una ayuda idónea que no se somete a la voluntad de Dios?

Y de manera de conclusión breve, deseo hacer un comentario en torno a lo que se menciona en 1 de Corintios 11:3: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.” El hombre es el líder espiritual de la casa, y la mujer está sujeta al hombre. Pero, eso no significa que el hombre puede creerse el soberano sobre la mujer. ¿A quién está o debe estar sujeto esa cabeza? ¿No es al Señor Jesucristo? Pues entonces, si la mujer está sujeta al hombre y el hombre a Dios, entonces ambos están sujetos al Señor. Esto es importante pues hay que entender que el matrimonio es el símbolo de la relación que Jesús tiene con su Iglesia. La iglesia se tiene que sujetar a Jesús, que es el Maestro.



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