Thursday, November 3, 2011

Sin dudas creeré en ti


Me creaste con un talento para escribir, pues lo usare para escribirte esta carta a ti. Tú que me prometiste hace 7 años una compañera, está cumpliendo tu palabra. Me lo has comprobado cada día que ha pasado desde que pasaste juicio y fallaste a mi favor.

¿Quién soy yo para merecerme que me seas justo? ¿Quién he sido para merecer tu misericordia? Luche contra ti, me rebelé contra tu autoridad y aun así, como el hijo pródigo, me has bendecido, y has cumplido tu palabra. ¿Qué es el hombre para contender contra Jehová? Es imposible pelear contra tu autoridad, pues no hay vida alguna, espiritual o mortal, que pueda sobre pasar tu poder y autoridad.

Cuando decidimos servirte de corazón, no hay libre albedrío que valga, pues el libre albedrío se basa solamente en la decisión de servirte o no. Por mucho tiempo contendí contra tomar esa decisión de corazón, de labios te honraba pero mi corazón estaba apartado de ti. Pero tu amor me alcanzó aun mientras divagaba entre espejismos en el desierto.

Al fin, a lo lejos veo el oasis al que me estás llevando. No obstante, Oh Dios, es por la ruta más árida y difícil que me has dirigido en toda mi vida. Pero estoy preparado, pues tú eres mi soporte. Tu eres mi fuerza y quien me guías. Aunque camine por el valle de sombra de muerte, no temeré, porque tu vara y tu callado me apaciguarán.

Dios mío sabes mi clamor de día y de noche. Sabes que te pido que la transformes, que la sanes, que la cuides, que la protejas, que seas tú el que la guíes. Llévala por el sendero correcto que bifurcará con el mío. Desde los sueños de los profetas hasta los míos, tus órdenes han sido de creer aun cuando no aparente que vaya amanecer. Creeré en ti, de igual manera que he guardado el collar de caracoles que compré tantos años atrás… sin haberle conocido aun.

Un collar que representa mi amor eterno, que siempre representó la promesa tuya de que al cabo de 7 años se cumpliría dicha promesa. Collar que me acordaba siempre de tu promesa, y me mantuvo cuerdo en momentos de locura.

Has depositado en mí un gran amor, que duele… pero como dicen, sadna con gusto, no pica.  


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