Sunday, October 16, 2011

Lo que pocos saben de mí…


Fácilmente me puedo sentar a escribir sobre un tema y cómodamente publicarlo, sea controversial o no. Pero, cuando se trata de mi testimonio, de lo que he vivido durante 7 años, pues cuesta trabajo. Ponerle de título, Lo que pocos saben de mí, es simplemente porque muy pocas personas conocen la doble vida que por mucho tiempo viví. Yo fui un adicto sexual.

Ahora, tal vez te asombres de escuchar esa frase. Especialmente, porque si me conoces, mi postura siempre ha sido en contra del sexo fuera del matrimonio. Muchas personas de inmediato de leer esa frase pensarán, y juzgarán tal vez correctamente, que un adicto sexual es aquella persona que tiene sexo anormalmente, es decir, 3 o hasta 10 veces al día. En mi caso, eso no fue así.

Desde los 12 años, más o menos, estuve adicto a la auto-satisfacción. En sus peores momentos llegó hacer hasta 6 veces al día. Cuando tu eres adicto, uno no lo hace por que conscientemente quiere, sino porque uno se ha convertido en un esclavo a sus deseos carnales. Al igual que el adicto a las drogas, o el alcohólico, uno necesita ese “shot”, que en mi caso era la auto-satisfacerme. Quiero que entiendas, querido lector, que los adictos desean salir de su condición. Pero en ocasiones, toma algo más que su poder de voluntad. Hay quienes pueden lograr superarlo con terapia, como en el caso del alcoholismo, o las drogas. Pero cuando hablamos de una adicción sexual, es más difícil, pues estás adicto a tu propio cuerpo.

Además, seamos honestos… ¿Cuántos tienen el valor de admitir que son adictos sexuales? Si eso pensé, muy pocos.

 Yo me crié escuchando y aprendiendo de Dios, pero no ha sido hasta que entré en la Universidad que realmente he venido a conocer quien de verdad es Jesús, y su poder. Pero a los 15 años, y luego de mi primera reconciliación por medio del bautismo del Espíritu, Dios comenzó a tratar en mi vida para que yo lograse ser libre. Pero, algo que también ocurrió a mis 15, fue que Dios me dio una promesa de 7 años de espera para una compañera. En ese momento me pareció agotador, me pareció demasiado tiempo (al día de hoy continúo diciendo que 7 años sigue siendo mucho tiempo), pero esa promesa me salvo de muchos errores.

No voy a entrar en demasiados detalles, porque fueron demasiadas diferentes circunstancias, desde sexo telefónico, pornografía, hasta sexo oral, y hasta dormir en la misma cama con una de mis parejas, entre otras cosas. Yo tuve varias ocasiones que estuve muy cerca de entregarme,  de tirar la toalla, de picharle a todo y entregarme completamente a esa otra pareja. Pero… justo en esos momentos, me regresaban las palabras que Dios me dio: la promesa. En esos momentos quería desaparecer, quería pensar que lo que había escuchado era embuste… ¿Ridículo no?

Entre todo esto, Dios continuaba tratando conmigo. Su amor por mí se reflejó en la misericordia que tuvo conmigo. Yo siempre he tenido llamado al ministerio de la Profecía, y desde que me había apartado había dejado de tener visiones, pero no sueños. Sufría mucho de pesadillas, y depresiones. Pero era la soledad lo que más me afectaba. El conocimiento de que no había paz en mi corazón, ni siquiera una gota de verdadero amor. Lo único que había en mi vida era rencor, rechazo, lascivia, codicia, depresión, fornicación, ira, enojo, entre otras cosas. Yo nunca dejé de creer en Dios, y sabía muy bien que lo que estaba haciendo era desobediencia. Pero yo no tenía fe, no en Dios, sino en mí mismo. Yo me despreciaba, e incluso en ocasiones deseaba simplemente quedarme dormido y no despertar más nunca. Claro, yo estaba ciego. Pensaba que iría al cielo, pues yo creía en Jesús, y a todas estas, aunque estaba apartado, continuaba yendo a la iglesia; actuaba como si todo estuviera bien. Les recuerdo, que ya para este entonces ya había visitado al infierno, esta es la razón por la cual Jesús me mostró ese pedacito, para que viera con mis propios ojos el resultado del pecado de perversión.

Por eso cada vez que escucho la canción de Casting Crowns, “Stained Glass Masquerade” y “Set me Free” me acuerdo de quien yo era. Yo deseaba ser libre. Pero cada vez que intentaba de regresar a los caminos del Señor, estaba un tiempo y me descarrilaba. Volvía a vivir la hipocresía de mi doble vida, aparentando ser una cosa, cuando en verdad hacía otras cosas.

Bueno, les dije que cuando entré a la universidad fue que todo comenzó a realmente cambiar. Empecé a realmente poner un poquito más de mi parte, pero no mucho. No pasó un semestre y ya había regresado a lo que había intentado de dejar.

Pero yo no me resignaba. Poco a poco, con cada liberación que Dios me hacía iba dejando más y más. Fueron muchas las noches de dolor y llanto, en soledad, en contienda con Dios. Fue un gran proceso. Mientras más me acercaba a mis 21 años, mas anhelaba tener mi compañera, a la vez mas me desesperaba. Hay un decir que la parte más oscura de la noche es los momentos antes del amanecer. Tú que me lees, te aseguro que eso es así en la vida espiritual.

 Hace un año con 8 meses, tuve mi última ex pareja (por no dar título por qué honestamente al día hoy no sé ni lo que fuimos). Me ilusioné porque ya tenía 21, y pensaba que esta podía ser. La quería mucho, pero, tenía un gran problema. No le servía a Dios, y por ende, tuve que aprender a las malas que tenía que esperar en Dios. Iluso ¿no? Pero hay vendas que solo la experiencia logra quitar. Fue el momento más difícil de mi vida, hice cosas que me arrepiento, pero al final, me alegra no haberme entregado.

A veces la soledad, y la carne pueden más que el anhelo de nuestro corazón y espíritu. Pero TU, mi lector, mi hermano en Cristo, te puedo asegurar que Dios es fiel a su palabra. Hay que tener paciencia, y fe para ver nuestras promesas cumplirse. Dios a lo largo de este semestre me ha ido confirmando que no se ha olvidado de mi promesa, pero depende de mí.  El desea formarme, el desea llevarme a unos nuevos niveles espirituales primero. Aunque me ha ido hablando de mi promesa, yo confío en su palabra, pues no hay ni una sola promesa, visión o sueño que he tenido que no se haya cumplido a cabalidad.

¿Y sabes algo? HOY si puedo decir “¡Libre al fin, Libre al fin, Gracias Dios Todopoderoso, soy LIBRE AL FIN!”

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