Monday, July 4, 2011

El rey caido

Un automóvil deportivo se movía por las calles oscuras de la ciudad. Las fuertes lluvias opacaban el sonido del motor del carro, y los relámpagos llenaban la oscura noche con luz. El conductor, un hombre vestido con una camisa de manga larga blanca, una corbata roja, su pelo completamente arreglado hacia atrás, sus ojos azules penetrantes, un cigarrillo entre sus labios, sonreía mientras inhalaba el humo intoxicado del tabaco. En el asiento del conductor, un maletín de cuero, y un bastón con una cabeza de oro.

El automóvil deportivo paró frente a la puerta de un hotel, donde el conductor procedió a dar las llaves del automóvil al “valet”. El hombre continuó hacia un elevador de oro puro, maletín en una mano y bastón en otra, entró dentro de la cabina, y en pocos segundos estaba en el sexto piso del edificio. Volvió a sonreír, en su cara se mostraba el orgullo que sentía por sí mismo, su vanidad era casi orgásmica para sí mismo. Había un espejo en la pared frente al elevador, sacó una peinilla para arreglarse su peinado, se arregló su corbata roja, y viró a su izquierda en dirección al cuarto enumerado 66.

Tocó a la puerta con su bastón, y no pasó mucho tiempo cuando la misma fue abierta. El hombre entró apresuradamente dentro de la habitación. La habitación lujosa tenía un candelabro en el techo que iluminaba todo el cuarto dentro del pequeño apartamento.

-“Veo que al fin llegas Andrea”- dijo un hombre sentado en un sillón de cuero, mientras el mayordomo cerraba la puerta.
-“Tariq, la encomienda está cumplida”- dijo Andrea mientras le daba el maletín al mayordomo de Tariq; -“aunque para serte franco, no entiendo el por qué de la importancia de esas cartas.”-
-“A veces es mejor no saber Andrea… a veces la ignorancia puede salvar tu vida”- respondió el hombre con cara de árabe, vestido enteramente de negro con corbata roja, y con su cabeza rapada. En sus manos utilizaba guantes negros, y sus ojos eran como jaspe.
-“La paga no es suficiente por el trabajo hecho Tariq, lo mínimo que podrías hacer es decirme la razón por la cual por poco pierdo mi vida. ¿Qué hay dentro de ese maletín?”- insistió Andrea.

-“Si tanto deseas saber…”- comenzó Tariq, hablando pausado, con una marcada confianza en sus palabras. –“Erase una vez un rey de antiguos tiempos, tenía 3 gobernantes sobre sus tierras. De los 3 gobernantes, a uno le llamaban la estrella de la mañana, y este era el favorito del rey. El gobernante era el encargado de la administración del palacio real, solamente el rey estaba por encima del”-

-“Y… ¿eso que tiene que ver con el contenido del maletín?” pregunto Andrea mientras se sentaba en la silla que se le había ofrecido al llegar.

-“Siempre impaciente… una de las mejores virtudes que tienes, siempre al grano. Pues te diré que el reino del que hablamos existe, al día de hoy… y más aún es gobernado por el mismo Rey… este reino no es uno de carne, ni de sangre… es un reino que está alrededor de nosotros, cada persona es parte de uno u otro, pues el gobernante favorito intentó de ser semejante al Rey”- continuó relatando Tariq.

-“¿No entiendo como que está alrededor de nosotros? Y… si trato de ser como el rey ¿Qué le paso?”-

-“El gobernante solo quería tener su trono como el del Rey, pero el rey, un tirano recalcitrante, no quería compartir el poder, la gloria, ni nada por el estilo… el Rey era un ingrato que no quiso recompensar a su siervo más leal…”- relataba Tariq, su rostro cambiando, el odio se podía palpar claramente. Las venas del cuello de Tariq se veían palpablemente… el rencor se sentía como una neblina la habitación. Andrea comenzaba a sentir un gran terror que lo controlaba y no se atrevía a moverse, ni tan siquiera abrir su boca.

-“El Rey me despechó, a mí y a todos los que me siguieron. Fuimos exiliados al más oscuro de los lugares, yo y todos los que me seguían y me adoraban… en total 1/3 parte del reino, todos los que yo gobernaba sobre.”- mientras Tariq revelaba su verdadera identidad, se iba transformando frente a Andrea. Una luz despampanante cegó al hombre, y unos segundos más tarde Andrea podía ver una criatura de 4 caras. La primera era de un rostro desconocido, pero cuyos ojos de jaspe mantenían frisados a Andrea. La segunda cara era semejante a un hombre, la tercera era una cara de león, y la cuarta la cara de un águila. Las cuatro caras estaban en la misma cabeza.

Las vestiduras de esta criatura estaban rotas, desgarradas, y de un color griseado. Aún así, se podían percibir las piedras mas preciosas incrustadas entre sus vestiduras desgarradas: cornerina, topacio, jaspe, crisolito, berilo, ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro. Su cuerpo tenía incrustados diferentes artefactos musicales como tamboriles y flautas.

-“El único reposo que tengo, es que logre triunfar en mi revuelta, y soy yo el dueño y señor de la tierra… pero vez mi querido Andrea… si yo fuera a revelar la verdad al mundo, el Enemigo les confundiría. Yo les ofrezco libertad y felicidad como ningún otro. No les restrinjo a mis hijos nada, y les ofrezco fama y fortuna”- decía Tariq mientras se reía, -“Claro está con la condición que me adoren a mí como su dios.”-

Andrea pensaba que está soñando, que lo que tenía frente era una pesadilla de la que no lograba despertar. El terror, el horror, sentía como si no pudiera respirar, su lengua tenía sabor a azufre.

-“El mundo sabrá de mi dominio… pero el momento no es ahora. Esas cartas son la evidencia de mi dominio sobre los reyes del mundo, y mi control sobre la ramera que dice ser la amada del Rey, pero es mi concubina a la que he hecho acostarse con los reyes de esta tierra. Yo vencí al Heredero en un madero, y volveré a vencerle en aquel día y en aquella hora”- mientras Tariq continuaba su monologo, se movía de un lado para otro.

El mayordomo de Tariq puso a la cabeza de Andrea un revolver, y luego se la puso en la falda del aterrado y frisado hombre.

-“Te advertí que la ignorancia podría salvar tu vida… y como no tienes la peste del Enemigo, mi dominio se extiende a tu vida. Tus servicios ya no son necesarios…”- al terminar de decir estas palabras, Tariq y el mayordomo desaparecieron; Andrea cogió el revólver en sus manos. Los ojos de Andrea soltaban lágrimas, mientras contra su voluntad, pero siguiendo las insistencias de las voces que escuchaba en su cabeza, se ponía el revólver a la sien. Cerrando sus ojos, grito y jaló el gatillo.

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