Monday, March 7, 2011

Carta abierta la juventud cristiana universitaria

¡Saludos en Cristo!

Tal vez no me conozcas, tal vez en cuestiones de política y opiniones podremos pensar diferente, pero algo tenemos en común: tú y yo servimos al mismo Dios, al mismo maestro. También somos miembros de la misma comunidad de la Universidad de Puerto Rico. Estamos viviendo tiempos difíciles donde cada día el enemigo de las almas está maquinando y poniendo sus fichas para ir preparándose para la Gran Tribulación. Pero tú y yo no podemos permitir que las fuerzas del enemigo nos cieguen, nos manipulen.

Antes de continuar quiero dejar claro que yo no escribo este mensaje a ustedes, mis hermanos, dejándome llevar por mis ideales políticos, ni muchos menos por mi postura sobre el conflicto actual en nuestra universidad. Es importante que apresten sus oídos a este mensaje, pues el Espíritu de Dios lleva meses y años hablando por sus profetas y la iglesia de Puerto Rico no ha hecho caso a su llamado.

Muchos han escuchado hablar de las profecías de varias décadas atrás donde por medio de unos jóvenes y por medio del hermano, el pastor Raschke, Dios reveló lo que acontecería a Puerto Rico en un futuro cercano. Esto fue para allá en la década de los 1980’s. El terremoto es solo parte de esa profecía. En el verano del 2005, el Espíritu de Dios me mostró algunos de los sucesos que han de acontecer previo, durante y después del juicio.

Lo que está aconteciendo en nuestra universidad Dios lo reveló a mí y a otros hermanos varias semanas antes de comenzara el conflicto estudiantil. Mis hermanos y mis hermanas en Cristo, el actual conflicto es una trampa para todos los que le servimos a Cristo. La misma, ha puesto a hermano contra hermano a guerrear. Mateo 24:6: “Y oiréis de guerras y RUMORES DE GUERRAS; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin”. Mis hermanos, apresten a escuchar la voz de los profetas, que aun en estos tiempos siguen dando la voz de alerta.

Como cristianos, no podemos, ni debemos, estar participando de actividades que sean un ataque directo a las autoridades, tanto universitarias como gubernamentales. Romanos 13 es claro en cuanto a los deberes de los cristianos:

Romanos 13: 1-4: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.”

Este versículo es muy importante y relevante a lo que está ocurriendo en nuestra universidad. Si es cierto que estos eventos tienen que acontecer, también es cierto que como cristianos somos llamados a orar por las autoridades. Interceder por ellas ante Dios para que sea él quien tome y haga justicia. No es deber de nosotros ser participantes activos en esta guerra que ocurre a nuestro alrededor. No mis hermanos, es nuestro deber orar, ayunar, y servir como entes de restauración y mediación; es nuestro deber ser la luz en medio de las tinieblas.

¿Cómo podemos decir que somos cristianos, si estamos bebiendo de la copa de la ira y la calumnia? Isaías 5:20: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” ¿No estamos actuando de esta manera cuando apoyamos la violencia, el odio, y la división dentro de nuestra comunidad?

Estamos actuando tibiamente cuando apoyamos acciones, y decisiones que violentan las leyes del estado, y a los principios de amor de nuestro Señor Jesucristo. Estamos actuando como la iglesia de Laodicea al decir que somos cristianos pero involucrarnos en actividades que no nos son licitas. Apocalipsis 3:15-16: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” También en 1 Corintios 10:23: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.” ¿Qué estamos edificando mientras propulsamos la violencia entre nuestros hermanos y hermanas?

Mateo 12:25: “Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa divida contra sí misma, no permanecerá.” Si nos llamamos hijos de Dios, tenemos que actuar y darle honra a ese título. No podemos decir que Cristo es nuestro Señor con nuestros labios, pero con nuestras acciones actuar de una manera que dice todo lo contrario. Mateo 7:22-23: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Mis hermanos, esto es un mensaje fuerte el que os brindo. Podría ser que es un regaño, que comienza por mí, el mensajero, y luego termina en ustedes los receptores. Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Mis hermanos y hermanas, dos nos está siendo un llamado para que seamos luz en medio de las tinieblas. Dios te está llamando a ti joven, para que entres en una dimensión nueva con él. Hechos 2:17: “Y en los postreros días, dice Dios,
Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños;” Somos nosotros esa generación de los postreros días.

Tú y yo somos una generación profética, una generación a la que Dios quiere derramar su gloria y su poder. Una generación que verá la resurrección de los muertos, que tocarán enfermos y sanarán, que comerán cosa dañina y nada nos pasará. Seremos tú y yo quienes comenzaremos el más grande avivamiento que ha visto la humanidad. Yo eh decidido disponerme a Dios, dejar que el sea quien me use, darle toda libertad a su Espíritu Santo.

Eh dejado de ser Jonás, quién al ser llamado por Dios huyó como un cobarde y tuvo que pasar por tribulaciones hasta llegar hacer lo que Dios le mandó. Me eh despojado de mi cobardía, y eh decidido acercarme al amor de mi vida, Jesús.

¿Qué esperas tu, hermano y hermana? Es el momento de buscar de Dios, y de vivir en santidad. Es el momento de pedir al Espíritu Santo el discernimiento para que el nos guie. Si de esta carta se llevan algo que sea esto, busquen el discernimiento del Espíritu. No me tomen por cierto, pregúntenle al Espíritu Santo que se los revele, como me lo ah revelado a mí. No se conformen con ir a la iglesia, busquen de Cristo, lean la biblia, saquemos más tiempo para él en nuestra intimidad. Busquemos a Dios para hablar con él frente a frente y cara a cara.

Que Dios me los bendiga y los cuide,

Su hermano en Cristo

-Edwin Reubén Jusino Aldarondo-
Domingo 6 de marzo de 2011

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