Tuesday, February 1, 2011

Estudio sobre la desobediencia

Edwin R. Jusino
Lunes, 31 de enero de 2011

Efesios 2:2: en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de DESOBEDIENCIA,

Recientemente eh comenzado a leer el libro de Génesis, haciendo comentario sobre sus capítulos. En Génesis capitulo 3 vemos como es que por la desobediencia del hombre el pecado llegó al mundo. Podemos observar como la desobediencia apartó a Adán, hombre que veía, platicaba, y caminaba físicamente con Dios sin percances previo a su caída, del Dios Todopoderoso. Me preguntaba, ¿Por qué tan pequeña acción, quizás hasta “inofensiva”, causaría tantos problemas?

Según la Real Academia, desobediencia significa, acción y efecto de desobedecer. Desobedecer, por su parte, significa, dicho de una persona: No hacer lo que ordenan las leyes o quienes tienen autoridad. La desobediencia entonces es un reto directo a la autoridad de Dios. Cuando desobedecemos a Dios, aunque con nuestras palabras profesemos otra cosa, con nuestras acciones estamos dejándole saber que no lo necesitamos. Con nuestras acciones dejamos entender, al Creador, que somos iguales que El, pues, su creación no lo necesita. Desobedecer es estar en rebelión abierta en contra de Dios. Rebelión, o la acción de rebelar, significa, sublevar, levantar a alguien haciendo que falte a la obediencia debida; oponer resistencia.

Interesante que rebelarse contra Dios incluya poner resistencia. Cuando resistimos a que Dios trate en nuestras vidas, estamos desobedeciendo a Dios. Mientras más endurecemos nuestro corazón, o mientras más continuemos evitando que el Espíritu Santo entre a nuestra vida y nos comience a transformar, estamos desobedeciendo a Dios.

¿Entonces desobedecer una pequeña orden es lo mismo que asesinato? Dejándonos llevar por lo que hemos descubierto, hasta cierto punto si. Dios detesta el pecado, mas ama al pecador. Una mentira, o robarse una paleta, o, como hemos aprendido resistir a Dios, es lo mismo ante los ojos de Dios que un asesinato. Es pecado, es contaminación.

Romanos 5:19: “Porque así como por la DESOBEDIENCIA de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos”. Este versículo hace referencia tanto Adán como a Jesús. Porque Adán desobedeció a Dios, el resto de la humanidad tuvo que sufrir la separación de Dios, pero por la obediencia de Jesús, ahora podemos acercarnos a Dios. Entonces, la desobediencia nos aparta de Dios, pero la obediencia nos acerca más aun a Él.

Permitirle al Espíritu Santo rienda suelta en nuestra vida, y obedecer su palabra, es la única manera de acercarnos a Dios, mientras que resistirnos, simplemente nos aleja de Él.

2 Corintios 10:6: “y estando prontos para castigar toda DESOBEDIENCIA, cuando vuestra obediencia sea perfecta”. Aquí vemos algo de suma importancia. ¿Quiénes somos los humanos para poder criticar, o juzgar a otros, si no somos perfectamente obedientes? Aquí, me incluyo, muchos pecamos, pues perdemos la perspectiva que, somos falibles. Somos creación, de un ser perfecto, pero somos mortalmente falibles. Solo Dios puede reprendernos, y pasar justicia sobre nosotros. Algo que hay que hacer hincapié, cuando Dios levanta un profeta y lo usa para disciplinar a su pueblo, es Dios quién lo hace, no el profeta.

Hebreos 12: 6-8: “Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos”. El apóstol aquí afirma lo que ya hemos estado observando. Los que se dejan disciplinar por Dios, El los llama sus hijos, pero los que le resisten, le desobedecen, esos, Dios los considera sus hijos bastardos.

Un bastardo, según la Real Academia, cuando es usado como adjetivo, significa: que degenera de su origen o naturaleza. Mientras que usado, en el contexto de relación paterno filial, significa: hijo ilegítimo de padre conocido. Entonces, para Dios somos ilegítimos, si lo desobedecemos. Más aun, cuando somos bastardos, estamos torcidos, o degenerados de nuestra naturaleza. ¿Qué es degenerado? Dicho de una persona: De condición mental y moral anormal o depravada, acompañada por lo común de peculiares estigmas físicos. Anormal, significa, que accidentalmente se halla fuera de su natural estado o de las condiciones que le son inherentes. Ósea, cuando desobedecemos, estamos fuera de la naturaleza para la que Dios nos creo. Desobedecer a Dios, es ir en contra de nuestra propia naturaleza.

Efesios 5:6: “Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de DESOBEDIENCIA”. ¿Nadie os engañe con palabras vanas? La palabra vano significa: Falto de realidad, sustancia o entidad; hueco, vacío y falto de solidez. Curiosamente este versículo habla de personas que engañan con palabras vanas. La desobediencia, según hemos aprendido, es hacer lo contrario a la voluntad de Dios, resistir su palabra. Los hijos de la desobediencia, en este caso, podemos entenderlo como las personas que nos rodean, que al no estar sirviéndole a Dios, pueden lanzar opiniones que nos pueden confundir. Dios nos advierte que hacerle caso a estas opiniones, y aceptarlas como verdades en nuestra vida, incurre la ira de Dios, pues somos considerados hijos desobedientes o bastardos.

Hebreos 4:6: “Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de DESOBEDIENCIA,”. Este versículo final que hemos de afrontar es el más significativo de todos. Ya sabemos que si desobedecemos a Dios, el nos considera ilegítimos, o bastardos. Los hijos ilegítimos, conocen quien es Dios, pero en el contexto, está desobedeciendo a Dios. ¿Qué tiene que decir Dios sobre estos? Apocalipsis 3: 16: “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” A los desobedientes Dios los vomitará de su boca. En palabras más finas, como dice Heb. 4, los desobedientes no entraran al reino de los cielos.

1 comment:

Abdiel Rodriguez Nazario said...

Muy buenos comentarios. Me gustaría agregar mi granito de arena con unas observaciones sencillas. Contrario a lo que muchos piensan, la fruta prohibida no es el foco de la desobediencia original. Pecado como tu bien dices es simplemente desobedecer un mandato directo de Dios. Eso contamina nuestras conciencias que fueron expresamente diseñadas por él para obtener gozo y satisfacción en la obediencia. La ley de la vida es dar (1 Cor.13) y el pecado tubo origen en nuestros primeros padres (Adán y Eva) cuando en vez de dar intentaron recibir o demandar a traves de la desobendicia más de lo que Dios les había dado. Pero lo interesante viene cuando son confrontados. El pecador es egoista y quiere lo que no le es dado o retiene lo que Dios pide de él. Pero cuando el ser humano pecador es confrontado no quiere la culpa. Allí es que entonces siempre la culpa la tiene otro. Y lo más triste es que la culpa la hacemos viajar hasta que queremos hacer culpable a Dios. Adán dijo: "la mujer que tu me diste por compañera me dio del árbol..." Y Eva hizo lo mismo: "la serpiente [que tu creaste] me engaño..." Y todo esto viene porque con el pecado viene un germen de orgullo que no nos permite ver nuestra realidad. Fue por eso que escribas y fariseos de los tiempos de Cristo, teniendo el conocimiento en muchas cosas, no fueron lo suficientemente humildes para reconocer su desobediencia y recibir sanidad. Es por eso que Dios ve necesario que muchos desciendan a un nivel bajo como el hijo pródigo para que desde allá, sin una máscara de orgullo, puedan ver su condicion tal cual es y digan: "He pecado contra el cielo y contra ti, ya no soy digno de ser llamado tu hijo, trátame como uno de tus jornaleros" Y a lo cual Dios responderá: "Pronto! Sacad el mejor vestido... porque este mi hijo estaba muerto, ya ha revivido; se había perdido y ha sido hallado (Luc.15:19,22-23).

Dios te bendiga!