Tuesday, September 2, 2008

El Sacerdote y su amigo

‘Ya es la media noche… me pregunto si los demás se habrán ido a dormir’, pensaba un sacerdote de mediana edad, calvo, gordo con una sotana negra. Se encontraba solo en su recamara del monasterio en donde vivía, ya eran las 12:05, las campanas continuaban sonando y el calor de la soledad crecía y crecía. En la puerta escucho un sonido, una luz brillante lo cegó, y luego una dócil fémina se sentaba sobre su falda. Era de tez blanca, muy atractiva, con un pelo lacio largo que le cubrirá sus desnudos pechos, unos labios sensuales, y uno ojos de tigresa que volvían loco al sacerdote.
Los ojos del sacerdote se llenaban de placer mientras ella le pasaba su cabello por so cuerpo, mientras ella lo iba desnudando. Se le sentó encima de su pene y el comenzó a sentir una gloria diferente a sus versos en latín, una gloria de locura. La mujer que él se imaginaba tan solo tenía unos 16 años de edad, era una pupila del grupo de jóvenes de la parroquia en la cual el daba las misas y se encargaba de los jóvenes. Los ojos del sacerdote se abrieron grandes, mientras la explosión que venía de entre medio de sus piernas llenaba su mano de una baba blanca.
‘Carola tiene que ser mía… Yo dejo el sacerdocio si ella acepta mi amor’ pensaba el sacerdote.

Luego de la reunión del grupo de jóvenes de la parroquia, el Padre Fernando le pido a Carola, l presidente del grupo, que se quedara para poder platicar sobre las actividades próximas del grupo. En medio de la conversación el cura hizo silencio, dado a que la puerta de la oficina había sido cerrada por Carola, el miro a sus ojos de tigresa.
-“Carola… yo estoy enamorado de usted, yo dejaría el sacerdocio si usted se casase conmigo.”-
-“Padre Fernando… usted esta tripeando ¿verdad?”- exclamo Carola con sarcasmo.
-“No la estoy relajando… ya la deseo a usted.”-
-“Perdóneme Padre… pero creo que me debo ir yendo.”-
Carola se paró de la silla en donde estaba sentada y se dirigió a la puerta. Fernando no pudo aguantar, la idea de que su fantasía, de que su obsesión, saliera por esa puerta para más nunca volver lo lleno de ira. La aguanto por el brazo y simplemente forzó su voluntad sobre ella.
-“Creo que no me entendiste, tu serás mía… esa es la voluntad de Dios.”- le decía mientras ella lloraba del dolor de ser penetrada a la fuerza y por primera vez tener relaciones sexuales. Fernando se vino dentro de Carola, dos o tres veces, y luego de sentirse satisfecho la soltó. Carola solo lloraba.
-“Si le dices de esto a cualquiera… sabrás que vendrá un castigo de Dios y morirás. Tu eres mi mujer.”-
Carola salió llorando de la oficina. El sacerdote y su amigo estaban satisfechos, ya preparándose para revivir el encuentro a las 12:00 de la media noche.

1 comment:

Zaadé A. Torres Méndez said...

Ni los relatos eroticos tienen escapatoria contigo ! jeje ...