Monday, March 3, 2008

Esclavitud en el siglo XXI
Jorge A. López Machado era el cheche del barrio. Era alto, de pelo lacio marrón oscuro, blanco, fuerte, atlético, usaba espejuelos pero eso no lo detenía, claro está eran sus ojos lo que mas atraía a las chicas. No importaba sus logros académicos, pues, Jorge era conocido como un buen don Juan. Desde los 15 años había conocido el placer que crece entre las piernas de los hombres. No tan solo se masturbaba regularmente, sino que había aprendido el arte de seducir; a los 15 había logrado seducir a una pequeñuela de 12 en el baño de la escuela.
Jorge se veía con una urgencia hormonal de satisfacer sus deseos eróticos a como diera lugar. Primero venia la labia: “¡Pero qué buena tu estas hoy mami!”, “¡Diablo bebe que hermosa te ves hoy!” Después, venia la invitación a salir, la cual el por supuesto no aceptaba no como respuesta. Ya cuando tenía a su presa en la mira, que ella misma había puesto la cuerda sobre su cuello, se convertía de un lindo gatito a un tigre come hombres, bueno en este caso come mujeres. ¡Qué fácil se lo hacían las mujeres! Por supuesto, Jorge no miraba las mujeres confiadas, felices e independientes. El tenía un sexto sentido innato que podía casi oler a las chicas necesitadas, con problemas emocionales, que necesitasen un objeto o persona que satisficiera sus necesidades o que fuesen el gran embuste del príncipe azul.
Jorge conoció a Mara Sofía en un pub del viejo San Juan. Le compro un traguito, se fueron a perrear, claro siempre contra la pared, y luego sin conocerse metían sus lenguas en las bocas de cada uno. Mara estaba un poco picadita, y Jorge completamente cuerdo. Él sabia mejor que emborracharse, digo él es atleta, y además si se emborrachaba no podía disfrutar el placer sexual como a él le gustaba. Poco a poco, Mara, una chica de ojos verde, trigueñita de pelo lacio negro largo, de unas caderas boricuas, y unos pechos de golondrina, empezó a sentirse completamente atrapada en la jaula del tigre. Era seducida por los piropos, saetas con anestesia, que le embobaban el corazón, la razón, y todos sus sentidos que le gritaban: ¡PELIGRO!
Era muy tarde. Jorge logro su objetivo. Mara Sofía se convirtió en la presa perfecta pues era emocionalmente inestable desde muy pequeña, rebelde contra unos padres cristianos conservadores, y orgullosa. No recibía consejos de nadie, a menos que se viera embarrada en las fosas más bajas del mundo. Quedo embarazada, y sin ni siquiera darle cabeza o pelear por la vida de su criatura siguió las órdenes de Jorge al pie de la letra. Lentamente las cadenas de la marioneta sexual de Jorge se iban fortaleciendo en el falso amor pasional.
Sus amigos de bien, trataban de ayudarle. Pero ella, aunque aparentaba hacerles caso, escuchaba por un oído y las palabras le salían por el otro. Ignorantemente, le contaba todo a Jorgito, quien solo podía ver el peligro de perder a su esclava sexual preferida. Sus celos eran como un fuego salvaje silvestre, que rugía más fuerte que un mar bravío. Es así como Jorge lentamente alejaba a Mara de sus verdaderas amistades, aquellos que podían enseñarle lo que era realmente el amor.
Cuando Mara quería darse a respetar, siguiendo los consejos de sus amistades verdaderas, Jorge se le echaba a llorar; era un llanto de engaño y manipulador forzándola, gracias a su inestabilidad emocional, volver con él una y otra vez.
Mara murió con una cara amoreteada; Jorge, feliz, en la cama, penetrando ya a la que sería su próxima víctima, sin resentimientos, sin pensar en lo que había sucedido, su pene bien erecto, y su corazón frio como una cripta, y áspero y tiesa como la piel de un muerto.

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