Monday, February 11, 2008

La reina de los espejos
-“Oh si su majestad, ¿que usted desea en esta bellísima mañana?”- respondía el primer ministro del país a su alteza.
-“Primero que nada, ¿Cuántas veces le he dicho que se refiera a mí como su gran majestuosa alteza, la hermosísima y adorable suma reina de los dominios imperiales de toda la conciencia, Tatiana la Grande?”- le dijo la reina Tatiana con indignación y soberbia a su primer ministro; vestida del más caro ropaje su alteza se dirigió al cuarto del trono. –“No sé cómo es posible que usted sea primer ministro, tan jovenzuelo, tan arrogante e ignorante. Imagínese todavía cree usted en la religión, perdiendo su tiempo en vanas palabrerías, que si Católicos, Protestantes, Judíos, o Musulmanes si total son todos iguales creen en un dios que ni escucha ni sirve para nada. Yo soy la diosa del imperio… yo soy la que lo sabe todo, y usted un mero novillo, no sabe tres carajos.”- le decía la reina, humillándole, riéndosele en la cara a su primer ministro.
El solo respiro, se le sonrió y siguió detrás de ella, preguntándole cual era su deseo en aquella fabulosa mañana imperial.
-“Yo solo quiero que usted dejase de ser tan arrogante, y me escuchara y me dejara gobernar como yo quisiera.”-
-“Su majestad usted sabe que eso es imposible.”-
-“Lo es solo porque un pedazo de papel dice que lo es, no porque yo lo digo… ¡Ah finalmente mis espejos!”-
La reina entro en el salón del trono, donde había ordenado a posicionar cientos de espejos mágicos que reflejaban solamente la hermosura plástica como de muñequita de porcelana de la diosa reina.
-“Su majestad creo que necesita aprobar estas medidas…”-
-“Deje ver…. ¡No saben ustedes como redactar una simple ley!”- exclamo la reina.
-“Su majestad yo creo que esa ley está muy bien redactada, beneficiará a muchos de los ciudadanos, y más, hasta los líderes máximos de nuestros vecinos países están estudiando la medida para integrarla a sus programas de gobierno. Toda ley debe tener un orden ya establecido ¿no cree?”-
La reina comenzó a reírse a carcajadas; -“De nuevo usted con sus arrogancias… ¡no es lo que usted quiera sino lo que yo quiero! Pero bueno para que me deje de molestar yo firmare su ley…”- dijo mientras firmaba el documento legal que beneficiara a miles de habitantes del país de las mentes, -“¡ahora vallase!”- ordeno la reina.
-“Como no su majestad…”-
A solas el primer ministro se sonreía. –“Que me diga todo lo que quiera, hasta me puede insultar, pero mientras tanto quien se beneficie sea el pueblo, no me importa ser el más religioso y arrogante primer ministro, si total ella vive aquí encerrada en su cuarto de los espejos sin poder mirar hacia la próxima subida del sol. No me importa ser criticado por ella, mientras me mantenga pensando en el futuro y no en el ahora sé que más bien vendrá que mal.”- Enrollo el documento en un tubo se lo echo a la espalda y prosiguió hacia el capitolio donde esperaban ansiosos los delegados de la legislatura, y un pueblo hambriento por lograr cumplir sus sueños.

1 comment:

Saul said...

I read it. Thanks for sharing it with me.